Where The Hell Did I Go Wrong?(basado en la canción del mismo nombre, Álbum: Somewhere Deep in the Night, 2001.
(¿Dónde diablos me equivoqué?)
En la penumbra azulada del salón, cuando la tarde parecía plegar sus alas, ella permanecía erguida junto a los cristales del ventanal, como quien espera noticias del mar aun viviendo tierra adentro. Había en su mirada el cansancio amable de las cosas que han querido demasiado y no saben en qué punto exacto se torcieron.Recordaba, no sin pudor, aquellos días en que el mundo parecía una avenida de primavera y cada palabra era promesa. ¡Qué sencillo era entonces caminar! Él hablaba con esa gallardía ligera que tienen los hombres cuando todavía no conocen su propia sombra; y ella, con el alma reverdecida, creía que bastaba la música de una ilusión para sostener un destino.Mas ahora, en el silencio que sucede al último reproche, comprendía que los caminos no se rompen de golpe; se agrietan en pequeños descuidos: una verdad no dicha, una mano que ya no vuelve, una mirada que pasa de largo. Y en el fondo de su pecho, como un susurro de hojas secas, resonaba la misma pregunta obstinada: ¿En qué recodo perdió el amor su pulso?No buscaba culpables, sino sentido. Porque hay derrotas que no son la caída de un sueño, sino la madurez de haberlo vivido hasta el borde. Y mientras la noche se deslizó suave sobre las tejas de la ciudad, ella respiró hondo, abrió de par en par las ventanas, y dejó entrar el aire nuevo.No era un adiós; era un principio sin trompetas.Y en la fragancia última del crepúsculo, descubrió que, aunque ignorase dónde se torció el paso, aún sabía —y eso bastaba— cómo volver a andar.
***
Podría haberte amado pero no pude mentir
Incluso si me lo pedías
Podría haberte engañado desde el principio
Continué engañándote Pero el tiempo me falló
Cambiando por completo mi mundo y me quedé por demasiado tiempo
¿Dónde diablos me equivoqué?
¿No me lo dirás?
No quería que supieras
¿Dónde diablos me equivoqué?
Me viste a través de mí pero no te importó
El amor era solo un juego para ti
Comenzaste algo que no podía detener Incluso si me lo pedías
Estaba perdido en tu sonrisa
Y mi corazón no podía ocultar lo que sabías desde el principio
¿Dónde diablos me equivoqué?
¿No me lo dirás? No quería que supieras
¿Dónde diablos me equivoqué?
No sé si debería reír o si debería llorar Sé que me he enamorado y no sé por qué
Pero sé que estoy vivo
¿Dónde diablos me equivoqué?
¿No me lo dirás?
No quería que supieras
¿Dónde diablos me equivoqué?
***
Pude haberme entregado por completo, con la devoción ciega de quien se arroja al vacío sin cuestionarse la caída. Pero entregarme habría exigido fingir, y la mentira me pesaba más que la soledad. Podría haber sido fácil: bastaba con mantener la ilusión, con seguir representando un papel que tú parecías dispuesto a aplaudir. Sin embargo, el tiempo —ese juez silencioso— dio la vuelta a todo y me dejó varado en una vida que ya no reconocía como mía. Permanecí allí más de lo necesario, aferrado a una historia que tenía fecha de caducidad.A veces me sorprendo preguntándome en qué curva exacta perdí el rumbo. No busco respuestas en tu voz; quizá nunca quise que supieras cuánto me desconcierta mi propia historia.Lo más curioso es que me comprendiste desde el principio. Me observaste sin esfuerzo alguno, como si vieras a través de mí. Pero para ti no parecía tener importancia: el amor era un entretenimiento efímero, un juego brillante mientras duraba el interés. Yo, en cambio, quedé atrapado en tu sonrisa, incapaz de frenar lo que mi corazón decidió sin consultarlo conmigo.Y ahora, en este punto suspendido entre la risa amarga y el llanto, sólo sé que he caído sin entender por qué… pero, al mismo tiempo, descubro algo innegable y casi luminoso: sigo vivo, y el dolor es la prueba más clara.Aun así, la pregunta persiste, tercamente, como una campana que no deja de sonar en mi memoria: ¿Dónde fue que todo se quebró? No sé si alguna vez tendré la respuesta. Tal vez no sea necesario ya.Pude haber amado como quien se entrega al amanecer, sin temor ni preguntas, pero la vida me enseñó pronto que no se puede caminar con paso firme si el alma lleva una mentira a cuestas. Hubiera sido sencillo seguir tu senda un tiempo más, fingir que el horizonte era el mismo para ambos. Sin embargo, el tiempo —viejo caminante que todo lo cambia— volvió mi mundo del revés, y me hallé detenido en un cruce de caminos donde ya no sabía por qué seguía contigo.A veces, cuando cae la tarde y la luz se quiebra en los cristales, me pregunto en qué desvío perdí mi rumbo. No espero respuesta: hay preguntas que nacen sólo para acompañar, no para resolverse.Tú me viste como era desde el principio, y no te importó. Para ti, el amor era ese juego pasajero de quien mira el paisaje sin detenerse jamás. Yo, en cambio, quedé preso de tu sonrisa, y el corazón, testarudo, siguió avanzando cuando mis pasos ya dudaban.Ahora no sé si reír por la ironía de la vida o llorar por lo que se fue sin avisar. Pero sé algo, de una certeza humilde: he sentido, he caído, y sigo vivo. Quizá eso baste.Y todavía, en el silencio de las noches más largas, vuelve la misma pregunta, como un eco sobre un camino sin nombre: ¿En qué punto se quebró la senda?No lo sé. Tal vez no importe ya. Cada error es también una piedra más en el sendero que nos lleva hacia nosotros mismos.
And my heart couldn't hide what you knew all along
ResponderEliminar«Et cor meum celare non poterat id quod iam ab initio sciebas».
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