Vistas de página en total

jueves, 20 de febrero de 2020

La toma de los puestos de la Guardia Civil 1934

La toma de los puestos de la Guardia Civil.


A lo largo del día 5 de octubre y mañana del 6, todos los puestos de la Guardia Civil fueron cayendo en manos de los revolucionarios.
 Puestos, la mayoría, de pueblo, mandado por un cabo o un sargento, esperando unos refuerzos o unas directivas que nunca llegaron.
Lo peor lo llevó la 4ª compañía, radicada en Sama de Langreo,
Cada compañía tenía 3 líneas y cada línea varios destacamentos en los pueblos.
La 4ª : Una en la cercana La Felguera (controlaba la cuenca minera del Nalón), otra en Ujo ( cuenca minera del Caudal) y otra en Caborana (cuenca del Aller).
también sufrieron la 5ª compañía, radicada en Oviedo.
  SAMA /Jefatura 4ª Cía. Cuencas Mineras: 
Cap. Alonso Nart+ Tte. Llovera (Conc. Valladolid) + 60 subof. y g.c. 
Recibe apoyo de Guardia de Asalto. Resiste 36 horas, hasta la tarde. Muertos 4 Of.+ 2 Subof. , 34 g.c. , 18 de asalto. 1 herido. Resto prisioneros.
 Ujo / Línea 4ª Cía. Cuenca del Caudal:
 Tte. Torrens + 6 g.c.
Rendición nada más empezar los combates. El Tte. pasó a mediar con los revolucionarios. Tte. Torrens condenado a muerte e indultado.
Causa nº 209/1934 instruida por el Juzgado Militar nº 1 de Oviedo contra Gabriel Torrens Llompart, Teniente de la Guardia Civil, Jefe de la Línea de Ujo, en la provincia de Oviedo, por rebelión militar y contra el honor militar durante el movimiento revolucionario de octubre de 1934 en Asturias.
 La Rebollada / destac. Ujo:
Cabo Méndez + 13 g.c.
Aguantan hasta que se derrumba el cuartel por la dinamita. Herido el Cabo. El resto, prisioneros
 Murias /destac. Ujo:
Sgto. Salvador Martín +8 g.c.
Envía 5 hombres de ayuda al puesto de la Rebollada, atacado antes. No llegarán, quedando cercados y resistiendo unas 3 h hasta que acaban la munición. El Sgto. y los 2 restantes resisten hasta que caen todos. Muere el Sgto. y los otros 2 g.c. heridos.
 Santullano / destac. Ujo:
Sgto. Ricardo Díaz + 4 g.c.
El cuartel es destruido por dinamita. Continúan la resistencia en una casa hasta que todos caen./2 muertos y 3 heridos graves.
 Pola de Lena / destac. Ujo:
Sgto. Mascarilla. + 4 g.c. Enterados de la rendición de su jefe en Ujo, se rinden sin lucha. / El Sgto. es condenado a 6 años por su rendición precipitada y por intentar convencer a los de Campomanes para que se rindieran.
 —Riosa /destac. Ujo:1 cabo + 3 g.c. Resisten hasta las 12 de la mañana, cuando se quedan sin munición. / Prisioneros
 Campomanes /destac. Ujo:
 Sgto. Escribano + 4 g.c.
Tras negarse a rendirse, y abrir fuego, causando 2 muertos y 27 heridos, los revolucionarios vuelven con dinamita. Resiste el cuartel 2 horas, hasta la muerte del Sgto. 2 g.c. consiguen huir al monte y esconderse (1 fusilado posteriormente). / 1 muerto, 2 prisioneros, 2 huidos.
 Pajares / destac Ujo:
1 cabo y 3 g.c. No llegaron a ser atacados. Se unen al grupo de Tte. Halcón, procedentes de León
   Caborana / Línea 4ª Cía. Cuenca del Aller
Tte. Crespo Girón + 7 guaridas
Empezado el asedio, se presenta Torrens que convence a su compañero de la inutilidad de la resistencia. / Condena a 6 meses al Tte. por rendición precipitada.
 Santa Cruz /Destac. Caborana: 
Sgto. López Andrés + 7 g.c. El cuartel es destruido por dinamita. Continúan la resistencia en una fábrica. Recibe la visita de Torrens, que le insta a rendirse. Mantienen una fuerte discusión, pero López Andrés no acepta la rendición. Se mantienen hasta media mañana, cuando acaban la munición / 4 heridos. Prisioneros
 Cabañaquinta / Destac. Caborana:  
Sgto. Domingo Marino + 8 g.c. Evacua el cuartel para concentrarse en Caborana. Tras ser interceptados y unirse con el grupo de Moreda, intentan llegar campo a través, manteniendo combate en el monte. El grupo se divide en 2 y son cercados. Los revolucionarios traen a un guardia de Caborana prisionero. Se rinden /4 heridos. Prisioneros. Intento de linchamiento en Mieres .
 Moreda / destac. Caborana:  
Un Cabo + 9 g.c. Evacuado el cuartel para concentrarse en Caborana. A partir de Escobio, se une al grupo del Sgto. Marino
 Turón / destac. Caborana:  
Sgto. 1º Hernández + 6 g.c. Atacada con dinamita, la casa se derrumba. Intentan una salida desesperada para ganar el monte, pero caen todos / 4 muertos y 3 heridos.
 La Felguera (Línea. 4ª Cía. Cuenca Río Nalón):  
Sgto. Ballesteros con 8 guaridas. Es atacada por los anarquistas a partir del día 5 noche. Al anochecer se evacua a las familias. Durante la noche, y ya sin municiones, se cambian de paisano y abandonan el cuartel con su armamento, internándose en el monte. / 1 herido grave (hijo del sgto.) y la esposa de uno de los g.c. muertos. 
  Ciaño / destac. de La Felguera: 
Cabo Dionisio López + 4 g.c. Atacados con Dinamita y gasolina. Intenta salir, pero solo uno consigue huir, para ser detenido 2 días más tarde. El resto muertos / 5 muertos (incluye la esposa del cabo), 1 prisionero.
 El Entrego / destac. de La Felguera.
7 g.c. + 5 asalto. Los de asalto, pertenecían al grupo del Tte. Iglesias que había salido de Sama ante incidentes previos al estallido. El cabo jefe, Francisco Recio estaba en Oviedo. El ataque dura 6 horas, hasta el mediodía del 5. A punto de derrumbarse el cuartel, intentan una salida, siendo cazados / 6 muertos, 4 heridos graves, 1 prisionero.
 Sotrondio / destac. de La Felguera:
Cabo José Rubí + 10 g.c. Resisten unas 6 horas. Ante el derrumbamiento del cuartel, intentan ganar el monte. Mueren 2 g.c., herido el cabo y 4 más. Los 4 que quedan, se refugian en la mina del Sotón, donde resisten otras 2 horas, hasta quedar sin munición. / 2 muertos, 8 heridos, 1 preso.
 Barredos / destac. de La Felguera:Cabo Regalado Domínguez + 5 g.c. Resisten hasta las 6 de la mañana, en que se incendia el cuartel. Un guardia moriría posteriormente tiroteado cuando gestionaba la rendición de sus compañeros de Laviana / 1 muerto y 4 heridos
 Pola de Laviana / destac. de La Felguera:
Sgto. Bedoya + 10 g.c. Destaca 4 hombres en una altura próxima, que causa muchas bajas. Cuando son heridos, son sustituidos por otros 4 que mueren. Al final de la mañana, se ocupa el cuartel / 4 muertos, 4 heridos, 3 prisioneros.
 Campo de Caso / dest. De La Felguera: 
1 cabo + 5 g.c. No sufrieron ataques. Se concentraron en NAVA.
 Villaviciosa ( Línea de 3ª Cía. de Llanes): 
A cargo del Tte. Domingo. Sin incidentes importantes en el pueblo. El Tte. se concentra en Nava en los primeros días, para cubrir mejor esa zona, donde sí había problemas. Fallece por accidente de arma de fuego el día 12, haciéndose cargo el Tte. Martínez Tudela, jefe de línea de Ribadesella.
 Nava / destac. de Villaviciosa:  
Tte. Domingo + 10 g.c. El jefe de línea, tomo el puesto de Nava como Centro de Operaciones. Replegado primero con los de Bimenes, hasta el día 6 por la tarde no son atacados. En la madrugada del día 7, ya casi sin municiones, y con el cuartel derrumbado por la dinamita, efectúa una salida a la bayoneta y consiguen replegarse hasta Villaviciosa, donde estaba su jefatura de línea / Evacuación a Villaviciosa.
 Bimenes /destac. de Villaviciosa: 
Cabo Andrés+ 4 g.c. Se evacua la las familias. Recibe el refuerzo de 1 cabo y 2 g.c. de Nava, que llegan manteniendo un tiroteo. Tras varias horas de resistencia, el Tte. Domingo les envía 1 Sgto. y 3 g.c. de Infiesto. Resisten, hasta que llega el Tte. Domingo, jefe de línea con 3 g.c. Evacua el cuartel a pie, sosteniendo tiroteo hasta Nava / Evacuados hacia Nava.
 Pola de Siero/destac. de Villaviciosa: 
1 cabo + 3 g.c. El mismo caso que el destacamento de Noreña / Abandonan el cuartel hacia el monte.
 Lieres /destac. de Villaviciosa: 
1 cabo + 3 g.c. Se concentran en Nava
 Noreña/destac. de Lugones / 5ª Cía. Oviedo: 
1 cabo+ 3 g.c. Repelen un ataque en la madrugada del día 5. A media mañana, en medio de una tregua, se cambian de paisano y consiguen abandonar el cuartel con el armamento, internándose en el monte.
 Olloniego / destac. de Lugones / 5ª Cía Oviedo:
Subayudante Almoguera+ brigada Manzanares+ 1 cabo + 12 g.c. . Puesto considerado importante, por ser paso hacia Oviedo. Se había reforzado con 7 g.c. de León. En la madrugada del 4 al 5, atacados intensamente con disparos y dinamita d. Resulta herido mortalmente el Brigada. El subayudante se rinde antes del amanecer. Una pareja de gc se pasa a los revolucionarios. / Muere el brigada. Subayudante, 1 mes por negligencia. 1 pareja, cadena perpetua
  Carbayín / destac. de Lugones / 5ª Cía Oviedo:Sgto. Gonzalo Miguel + 1 cabo+12g.c. Efectuaron salidas para desalojar las casas desde donde los hostigan. Al amanecer del día 6, agotadas las municiones, son apresados. / 1 muerto. El resto, prisioneros.
 Grado / Línea de 5ª Cía Oviedo :Tte. Domínguez Jandos+ 10 g.c. Ataques iniciales. Se suspenden para repartir el botín de Trubia. Tras ello, se reanuda el ataque. Se refugia en el monte, hasta la llegada de la columna de López Ochoa. Se presenta a él, y ante la imposibilidad de retornar a Grado, queda encargado junto con el Sgto. Platero de Piedras Blancas, (en total 36 hombres) de mantener el orden en la zona sureste de Avilés.
 Trubia / destac. Grado:
Sgto. Grimalt + 5 g.c. .Anexa a la fábrica de Armas, se rinden cuando los revolucionarios colocan un cañón en la entrada.
 Posada de Llanera / destac. línea de Luanco / 1ª Cía de Gijón: 
Sgto. Sánchez Herrero y 6 g.c. / El primer puesto atacado, ya en la tarde del día 4, por la impaciencia del jefe local (el Roxu). Llega el Tte. Esteve desde Oviedo, con 2 cabos y 12 g.c., pero son detenidos en la carretera. Son enviados nuevos refuerzos, algunas parejas de pueblos cercanos y un camión con g.c. de asalto. Al amanecer del día 5, el Tte. Esteve, al mando de todos ellos, consigue dispersarlos / 5 muertos (dos de ellos del puesto) y dos heridos graves. También heridos el Tte. Esteve y el Sgto. Herrero.
 Tineo / Línea de de la 2ª Cía de Luarca:
Tte. García Gumilla. En la madrugada del día 6 se traslada con gente de sus destacamentos de la zona del Narcea al puerto de Leitariegos, donde 500 mineros leoneses, mal armados, pretendía pasar a ocupar la zona de Cangas de Narcea. Tras varias horas de tiroteo en el alto del puerto, desisten. Dejan 2 muertos, 30 prisioneros. Deja un pequeño destacamento en el alto. Restablece el orden sin grandes problemas en pueblos donde se había proclamado la revolución.
 Piedras Blancas / destac. Línea de Avilés / 1 ª Cía de Gijón: 
Sgto. Platero y 11 g.c. Se le añaden 13 carabineros de destacamentos próximos. Envía a las familias a casas de conocidos. Rechazan varios ataques y protegen eficazmente los depósitos de CAMPSA y la cárcel, hasta la llegada de López Ochoa. Después, se pone a las órdenes del Tte. Jandos, de Grado, para mantener el orden en la zona.

  

miércoles, 19 de febrero de 2020

CRONIQUILLA DE AYER

Resultado de imagen de miguel de unamuno dibujo


CATÓN  
Un señorito de Bilbao se mostraba muy indignado, ante don Miguel de Unamuno, porque le había oído a un cargador, en un puesto de libros viejos, pedir las obras de Aristóteles.
—La cultura —dijo— es un lujo.
—Un lujo —añadió don Miguel— al que usted, dando pruebas de una ejemplar austeridad, ha renunciado.
CARÁCTER SOSTENIDO 
 Pompeyo Gener pidió un día, en un restaurante de Barcelona, una ración de pollo a la florenting. Injerido el primer bocado llamó, airadamente, al camarero:
 —El pollo guisado —le gritó— pica como un demonio. Está bien que piquen los pollos; pero no después de muertos.

 LA VERDAD ALCOHÓLICA 
Cuando Heliodoro Puche bebía algo más de la cuenta, los miembros de la tertulia que frecuentaba se echaban a temblar. En tales ocasiones, el melenudo poeta se entretenía en una despiadada crítica de la labor literaria de los contertulios, los que, poco a poco, abandonaban el café y le dejaban solo.
—¿Qué le parece a usted esta huida?—le preguntó un día, a un "superviviente", el malogrado Bacarlsse.
—La cosa está clara —respondió el aludido— :"In vino veritas".

De Langreo al infierno

De Langreo al infierno


 


Poco conocida es la historia de nuestro protagonista. José Alonso Nart vino al mundo, tal y como explica el historiador militar José Luis Isabel Sánchez en el Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia, el 28 de septiembre de 1897 en la misma Sama que le vería morir. Dicen que de casta le viene al galgo, y algo parecido debió pasarle, pues su padre era comandante de la Guardia Civil. Con 16 años accedió a la Academia de Infantería de Toledo y, apenas tres años después, ascendió a segundo teniente y fue destinado en Oviedo. «Se le dio el mando de la sección de explosivos», desvela el experto. A partir de entonces su carrera fue fulgurante y sus ascensos recurrentes hasta que, en 1920, pasó a formar parte de la Guardia Civil.


Sus destinos le llevaron a conocer toda España. Segovia, Melilla, Oviedo y Vizcaya fueron solo algunas de las regiones por las que pasó. Así, hasta que dio con sus huesos en Langreo en 1934. Quizá en el peor momento, pues por entonces se fraguaba en Asturias una revuelta (amparada por el socialismo, el anarquismo y los sindicatos) que buscaba tomar el poder por las armas y acabar con el gobierno de concentración formado por el partido de Alejandro Lerroux y la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA, considerada por el PSOE más reaccionario como la extrema derecha de la época). El 4 de octubre de ese mismo año aquel cóctel de tensión estalló con una huelga general que, si bien no cuajó en la mayor parte de España, provocó una verdadera guerra en el norte.

Guardias Civiles, en 1935
Guardias Civiles, en 1935

«Lo de Asturias fue un golpe muy duro para la República aunque gobernara una coalición de centro-derecha. Fue un gran golpe, una insurrección armada frente a un gobierno legal y legítimo. ¿Por qué no se podía montar una concentración si antes los había habido? Es una de las páginas más tristes dentro del socialismo español. Y de las que muchos se arrepintieron. Fue un punto de ruptura porque lo hizo una fuerza que había tomado parte en la construcción de la República. Una fuerza fundadora de una República que, constitucional e institucionalmente, tenía un sesgo bastante izquierdista. Levantarte contra el marco institucional que has creado es una verdadera contradicción. Y eso tuvo consecuencias: radicalizó al PSOE y a sus adversarios y abrió la puerta a los radicales de la extrema derecha (los falangistas, que odiaban a la CEDA porque jugaban al juego democrático y reforzaban a la República)», explica a ABC Fernando del Rey, historiador y autor de «Retaguardia Roja» (Galaxia Gutenberg, 2019).
Defensa desesperada

 

El 4 de octubre de 1934, cuando los obreros salieron a las calles para acabar con los puestos de las tropas gubernamentales, Nart se encontraba en el cuartel de la Guardia Civil de Sama. El historiador Agustín M. Pulido Pérez explica en «La Segunda República y la Guardia Civil: Una historia de violencia y desconfianza» que «recorría el edificio impartiendo órdenes a los defensores para intentar ofrecer una defensa adecuada ante el previsible ataque revolucionario». No le faltaba razón. Los obreros no tardaron en rodear el acuartelamiento y en arrojar dinamita sobre ellos. «La compañía contaba con un oficial, tres suboficiales y treinta y seis guardias», añade Isabel. A estos primeros asaltantes se sumaron más y más a lo largo de la jornada hasta llegar a los 5.000.La presión se hizo asfixiante para los defensores: gritos, atronadores explosiones y, por descontado, la continua lluvia de disparos. Quizá por ello, y durante las primeras horas, Nart ordenó al teniente Juan Llobera que intentara salir con un pequeño grupo de guardias civiles a las afueras del cuartel para extender las líneas y no ceñirse a aquella ratonera. No sirvió de nada. Cinco de sus hombres fueron heridos y la patrulla se vio obligada a volver al refugio. Estaban rodeados por todos sus flancos pero, a pesar de ello, el capitán se negó a capitular cuando fue exhortado a ello por el jefe de los revolucionarios. Como si de una cruel respuesta se tratase, en las siguientes horas los cartuchos de dinamita resonaron sobre el tejado como una tormenta.

La mañana del día 5 fue la más dura para los defensores. Desesperado, Nart ordenó al subteniente Benjamín Suárez que conquistara un edificio cercano para relajar la presión a la que eran sometidos. De nuevo fue un fiasco y, aunque los guardias civiles lograron su objetivo, se vieron obligados a abandonar la posición poco después. En palabras de Pulido, los disparos continuaron hasta que, a eso de las cuatro de la tarde, el líder de los obreros se puso en contacto con el capitán: si no abandonaba la resistencia, volarían el edificio. También le ofreció la posibilidad de que las mujeres y los niños salieran sin peligro de allí. «Nart se negaba rotundamente a entregar su compañía, pero permitió la salida de las familias de los guardias civiles a través de un boquete abierto en una de las paredes», señala el experto.
A las cinco comenzó de nuevo el tronar de los fusiles y de los inagotables cartuchos de dinamita (robados, estos últimos, de los polvorines de las minas). También empezó a orquestarse un plan para destruir de un solo golpe la casa cuartel como si de un castillo medieval se tratase. «Los avezados mineros utilizaron edificios cercanos para hacer zapas e intentar volar el cuartel», añade. En mitad de la noche, las cargas se activaron, las plantas superiores quedaron inaccesibles y los muros se convirtieron en un colador. Nart entendió entonces que solo había una posibilidad... salir de allí antes de que los revolucionarios asaltaran el puesto. Su destino sería un bosque cercano y, luego, Oviedo.
Escapar a tiros
Cuando el calendario marcaba ya el día 6 de octubre de 1934, y al amparo de la noche, comenzaron la retirada. Así narró ABC este suceso en su edición del 23 de octubre: «Dicen que éste, al verse asediado por las fuerzas de los revolucionarios, cogió un montón de bombas en el brazo y fue arrojándolas contra los rebeldes hasta abrirse paso». Isabel y Pulido coinciden, aunque el segundo añade que los miembros de la Guardia Civil se dirigieron en dos grupos hacia un puente cercano donde, para su sorpresa, estaban apostados los revolucionarios. El primero, acorralado, se rindió. Pero no se hacían prisioneros y todos sus miembros fueron ejecutados allí mismo. El segundo, en el que se encontraba el capitán, cambió de dirección y trató de dirigirse, como explicó este diario, hacia el cercano distrito La Felguera. Para entonces Nart ya había sido herido de gravedad.
«Allí se refugió con dos guardias civiles y un guardia de asalto en una corrala de madera, donde al entrar le hicieron descargas nutridas, cayendo mortalmente herido. Sin embargo, llegaron hasta él y le acuchillaron en el suelo, llevándose las prendas que tenía, incluso las medallas, escapularios y alhajas; todo lo que el capitán, que era hombre de acendradas ideas religiosas, llevaba sobre sí», añadía el diario ABC. Su ordenanza fue asesinado también a cuchilladas y el resto acabaron sus días ajusticiados junto a una escombrera. Así terminó un conflicto que se había extendido durante un día y medio. «Nart, capitán de la Guardia Civil, jefe del puesto de Sama de Langreo, que defendió durante treinta y seis horas, hasta que agotadas las municiones cayó gravemente herido y fue rematado con saña», explicaba este periódico bajo una imagen del oficial.

La actuación de Nart hizo que, cuando se acabó con la revolución, la Guardia Civil se esforzara en atrapar a sus asesinos. El 11 de noviembre de 1934, apenas dos semanas después, el ABC hizo público que ya se conocían los nombres de sus verdugos: «Se atribuye extraordinaria importancia a la detención de un individuo llamado Manuel Suárez Puerta, el La Felguera, acusado de haber participado en la muerte […]. La Guardia Civil y la Policía parece que conocen ya los nombres de los cinco revolucionarios que remataron al capitán señor Nart». En la misma noticia se hacía referencia a que «una mujer dio aviso a los revolucionarios de donde estaba refugiado el señor Nart, cuando en la huida intentaba salir al monte para librarse de los que le cercaban».
El 5 de enero el ABC informó de que, al fin, se había detenido al «presunto autor del asesinato, en Asturias, del capitán de la Guardia Civil, señor Alonso Nart». Según rezaba en el artículo, el acusado (uno de los que podrían haber perpetrado el crimen) era José Gutiérrez Fernández, alias «Pepón el de la capa». «La caputra se llevó a efecto en virtud de informes transmitidos por la Benemérita que actúa en la región asturiana y que envió la fotografía del que se acababa de detener». Poca información más puede hallarse en este diario de Nart en las semanas siguientes. Aunque, el 5 de junio de 1935, se hizo público que se había abierto «expediente de concesión de la Laureada al capitán de la Guardia Civil, señor Alonso Nart». La misma medalla que le fue concedida de forma póstuma.

Teniente de la 18ª Compañía, X GRUPO DE ASALTO, D. José Ramos Cabello


Imponente manifestación de duelo Realizada con motivo del entierro de las...
21/octubre/1934. Oviedo. Manifestación de duelo y entierro de guardias de asalto muertos.
ORDEN DE SAN FERNANDO 

Circular. Excmo. Sr.: A los efectos correspondientes, he resuelto se publicar a continuación el resumen de lo actuado en el expediente de juicio de contradicción que, para concesión de Cruz laureada de San Fernando, se instruye a favor del teniente de INFANTERÍA (fallecido),  D. José Ramos Cabello.   
Lo comunico a V. E. para su conocimiento y cumplimiento. Madrid, a 24 marzo de 1936. 

MASQUELET 



Declara el teniente coronel D. Carlos Silva Rivero (herido con amputación de la pierna), y MANIFIESTA:

Que en la madrugada del día 5 de octubre, el que declara, jefe de las Fuerzas de Seguridad y Asalto de Asturias, recibió orden del excelentísimo señor Gobernador civil de esta provincia de enviar una camioneta con fuerzas de Asalto a Sama de Langreo; considerando que sería muy poca fuerza, envié dos camionetas en vez de una, ambas al mando del teniente de la 18.ª Compañía de Asalto, D. José Ramos Cabello, quien, conocedor de la gravísima situación planteada, se ofreció voluntariamente para tal misión, y dado el elevado concepto que del teniente Ramos tenía, por su espíritu, valor y excelentes condiciones de mando, acepté su ofrecimiento, y aproximadamente a las cuatro de la madrugada del día 5 emprendió la marcha con orden de reforzar y socorrer a las fuerzas de la Guardia Civil de Sama, que, sitiadas en su cuartel por numeroso enemigo, se encontraban en situación muy crítica y difícil.

Después de ser hostilizados durante todo el camino, llegó a la entrada del puente de Sama, siempre dispuesto a cumplir con su misión, pero al pasar dicho puente no pudo realizarse sino después de sostener durísimo combate con el enemigo, en el cual perdió el referido oficial más de la mitad de sus fuerzas, entre muertos y heridos; no obstante, consiguió pasar el río, recuperar todas sus bajas y ocupar una casa llamada «Miramar», en donde numeroso enemigo le combatió tenazmente.

No obstante ello, el teniente Ramos, siempre dispuesto a llevar a término la orden recibida y gracias a su ejemplo y arrojo, logró llegar al cuartel de la Guardia Civil, y allí siguió, como siempre, batiéndose heroicamente hasta el día 6, a las once de la mañana, cuando, con las últimas bombas de mano fabricadas por él mismo, y con dinamita cogida a los rebeldes, y escasísimas municiones de fusil, después de haber resultado gravemente herido, organizó la retirada de la poca fuerza que quedaba del cuartel de la Guardia Civil.

Fue el último en abandonar dicho recinto, consiguiendo abrirse paso entre los rebeldes, empleando para ello las últimas municiones que le quedaban y logrando así ganar las afueras del pueblo; pero ya herido, como queda expuesto, y agotado materialmente, aunque no moralmente, fue aprehendido por los revoltosos, que le condujeron nuevamente a Sama, en cuyo cementerio fue fusilado al día siguiente, indudablemente como venganza por las víctimas que su denuedo y decisión habían causado en las filas del enemigo.

El que declara habló por última vez por teléfono, a las once de la mañana del día 5, con el capitán de la Guardia Civil de Sama, Sr. Alonso Nart, jefe del cuartel de aquellas fuerzas, quien informó de la conducta del teniente Ramos en el sentido que queda expuesto anteriormente.

Cree que los hechos relatados hacen que el teniente D. José Ramos Cabello sea considerado incluido en el artículo 49, casos tercero, cuarto y noveno; artículo 51, caso primero, y artículo 54, caso primero del mencionado Reglamento.


Declara el teniente coronel D. Agustín Muñoz Grandes, y DICE:

Que, efectivamente, tuvo conocimiento de los hechos realizados por el teniente Ramos Cabello en Sama de Langreo, que en el momento actual, por no tener a mano los datos, no puede precisar con exactitud; pero recuerda que fue heroico el comportamiento del citado oficial, quien, en lucha desigual y sorprendido en la carretera de Oviedo a Sama, cuando en cumplimiento de órdenes recibidas marchaba en socorro de esta última población al mando de su sección sobre camioneta, sufrió las primeras bajas; siguió el combate pie a tierra, avanzando constantemente, dirigiendo sus fuerzas con gran actividad y pericia, y dando continuas pruebas de valor, animando a su gente y siendo siempre el primero que, dando ejemplo, iniciaba los distintos saltos de avance, logrando, tras ruda lucha, llegar al cuartel de la Guardia Civil de Sama —objetivo propuesto— con solo dos o tres hombres, pues los demás perecieron en el avance, resultando el oficial herido.

Que, cuando el capitán Alonso Nart dispuso la evacuación, fue de los últimos en retirarse, abriéndose camino entre los rebeldes que sitiaban el cuartel con granadas de mano, hasta que, ya solo y agotado por las heridas y privaciones, cayó en poder de los rebeldes, que inmediatamente le fusilaron.

Lo considera incluido en los artículos 49 y 51, en sus casos tercero y noveno, y segundo y noveno, respectivamente.

.

Declara el capitán don Juan Arnolt Tarrazo, y DICE: 

Que en la madrugada del día 5 de octubre, el comandante D. Carlos Silva, jefe de las fuerzas de Asalto de Asturias, ordenó la salida de un pelotón, con un oficial, para Sama, en virtud de órdenes dadas por el Excmo. señor Gobernador Civil, y considerando poco clara la situación, decidió reforzar el contingente con otro oficial, al mando de otro pelotón. El teniente Ramos, de la 18.ª Compañía, se presentó voluntariamente al comandante para que le permitiera ir a él con la expresada fuerza de su sección, siendo aceptado por aquel, que conocía las excelentes dotes y virtudes militares de dicho oficial, que, al mismo tiempo, dominaba perfectamente el terreno sobre el que había que operar. Las órdenes eran que llegara a Sama para atajar, estableciendo contacto con las fuerzas de aquella plaza, cualquier movimiento temido, aunque sin certeza acerca de su magnitud.

Por referencia, sabe el declarante que en el trayecto encontraron mil obstáculos, que fueron vencidos. En las proximidades de Sama intentaron cortarles el paso, hostilizándoles numerosas fuerzas revolucionarias, bien pertrechadas y que luchaban con denuedo, a fin de conseguir una victoria decisiva que les permitiese dar con rapidez un golpe de audacia sobre Oviedo y obtener el triunfo del movimiento desencadenado. El teniente Ramos, ante aquel ataque realizado por sorpresa, consiguió contener su fuerza, reuniéndola; contraatacando y rechazando al enemigo, abrió brecha en el puente de Sama, entró en la población y estableció contacto con el cuartel de la Guardia Civil y las fuerzas que lo defendían, a las órdenes del capitán Alonso Nart; continuó al mando de las suyas, resultando gravemente herido, y ante la imposibilidad de mantenerse en aquella posición, realizaron, por orden del capitán, una salida en la que, rechazando nuevamente al enemigo, cayó muerto gloriosamente el referido capitán Alonso.

El teniente reunió la fuerza que se encontraba desorganizada y se preparó para llevar a cabo la retirada, falto de municiones y con la pérdida, además, de las tres cuartas partes de las fuerzas. La retirada se hizo con escrupuloso sentido táctico, resultando muertos todos sus hombres, a excepción de un herido; cuando la carencia de municiones fue absoluta, fue cogido por sorpresa el indicado oficial y hecho prisionero. El odio de las turbas revolucionarias, ante los daños que les fueron causados por el heroico comportamiento de dicho oficial y de las fuerzas a sus órdenes, y molestos ante el orgullo de quien, habiendo cumplido con su deber, prefería morir heroicamente a admitir vejámenes como prisionero, motivó que fuese fusilado por los revolucionarios, muriendo con entereza y dignidad.

El declarante cree que el teniente Ramos, por los hechos relatados, debe ser considerado incluido en el artículo 40, casos tercero, cuarto y noveno; artículo 50, caso quinto, y artículo 53, caso primero del mencionado Reglamento.

Declara el guardia de Asalto, D. Antonio Fernández Menéndez, testigo presencial y DICE:

Que estaba de puesto de vigilancia en la parte posterior del cuartel de Santa Clara, de Oviedo, cuando, a las cuatro horas del día 5 de octubre último, fue relevado para incorporarse a la Sección del teniente Ramos, que salía en camioneta para Sama. Además de esta camioneta, iba otra con el teniente D. Arturo Martínez Calderón y personal de la segunda Compañía de Especialidades; salimos de Oviedo a las cuatro y media de la madrugada, poco más o menos, y al pasar por el Puente de la Gargantada, que está algo más allá de El Berrón, fueron tiroteados por algunos grupos que, a pesar del reflector del coche con el que el teniente Ramos examinaba la carretera y las alturas próximas, no se distinguían bien.

Esos disparos dieron lugar a que se avanzara con precauciones por la carretera y a que se registrasen cuantas personas y vehículos se veían. Los disparos a la camioneta se repetían con frecuencia, pero, como según noticias que teníamos nuestra presencia en Sama era urgente por estar sitiado el cuartel de la Guardia Civil, las camionetas solo se detenían el tiempo preciso para hacer un registro en los coches que, con nosotros, se cruzaban o repeler alguna agresión que partía de los montes.

A las cinco y cuarto o cinco y media, aproximadamente, llegamos a La Felguera, donde ya se oían fuertes detonaciones de bombas y nutrido tiroteo hacia Ciaño, Santa Ana y Sama de Langreo. Desde La Felguera hasta Sama hostilizaron bastante los revolucionarios y, al llegar a la curva que hay entre la Unión Hullera y el puente sobre el río Nalón, el teniente Ramos ordenó que echásemos pie a tierra y avanzáramos con las debidas precauciones. Cuando lo habíamos hecho por el puente unos diez metros, el enemigo, parapetado en la montaña, comenzó a hacer descargas cerradas sobre nosotros. El teniente Ramos ordenó tirarse a tierra y hacer fuego eficaz.

Después de vivísimo tiroteo, en que los revolucionarios hicieron uso de ametralladoras, fusiles y dinamita, el teniente Ramos dispuso que se avanzase con cuidado y sin dejar de hacer fuego contra el enemigo hasta llegar al otro extremo del puente, donde hay un establecimiento llamado «Miramar», en cuya puerta, por orden del teniente, se colocó una ametralladora, con la que se podía barrer a cuantos viniesen por el puente y paseo del Parque, donde estaba, a cincuenta metros, la Casa del Pueblo. En «Miramar» quedó el grupo de Especialidades y nosotros, con el teniente Ramos, seguimos hasta más allá del cuartel de la Guardia Civil.

Por las fuertes detonaciones y largo tiroteo que se oía, se pudo deducir que el enemigo atacaba, al mismo tiempo que al cuartel, el edificio en que estaba instalada la Comisaría y Prevención del Cuerpo de Seguridad, y que el ataque se hacía por detrás y por las casas vecinas. El teniente Ramos ordenó un nuevo avance con muchas precauciones, pero con energía y decisión, y con potente voz mandó que se cerrasen todas las ventanas e hiciésemos fuego sobre cuantos viéramos. No se pudo avanzar mucho porque el número de revolucionarios era muy considerable y los del pueblo se sumaban a los que, desde los cerros, dominaban la población.

Parece ser que el edificio de la Comisaría había sido destruido por los revolucionarios y, como se había conseguido, tras enorme lucha, apagar algo el fuego del enemigo por la calle frente al cuartel, el teniente Ramos mandó ocupar un chalet, desde el cual se dominaba parte de la calle y la fachada principal del edificio del cuartel de la Guardia Civil; desde este chalet hacíamos fuego sin cesar a los rebeldes que atacaban continuamente. Este chalet, donde nos hicimos fuertes, comunicaba por sus corrales con «Miramar», lo que permitía que el teniente Ramos siguiera ocupándose de los dos grupos. Así estuvimos sin descansar un momento hasta las seis de la tarde, en que el teniente Ramos ordenó pasar al cuartel de la Guardia Civil, porque era absolutamente imposible defendernos en las casas en que estábamos.

Oí decir que la de «Miramar» estaba muy quebrantada por la dinamita, y el chalet, sin la otra casa, no podía defenderse. El teniente Ramos fue el primero en pasar para conocer la posición del enemigo y, una vez que hizo el reconocimiento, señaló a los guardias el camino a seguir para llegar al cuartel, lo menos expuestos a la metralla de los revolucionarios; así, uno a uno, fueron abandonando las casas para seguir el camino que el teniente Ramos les señalaba, lo que efectuaron todos, excepto los heridos y muertos que en una y otra casa quedaron y cuyo número no puedo precisar.

Una vez en el cuartel, dijo el capitán de la Guardia Civil al teniente Ramos que distribuyese las fuerzas en los puntos más estratégicos para la defensa del edificio y así, durante toda la noche, los ataques al cuartel se intensificaron de tal modo que no cesó ni un segundo de oírse nutridos disparos de fusilería y fuertes explosiones de dinamita. Destruido el edificio de la Comisaría y los que habían servido de defensa a nuestras fuerzas, el cuartel de la Guardia Civil, único punto atacado, no tardó en quedar convertido en ruinas, porque era atacado por todas partes con enorme cantidad de explosivo.

El teniente Ramos fabricó bombas de mano con material tomado a los rebeldes, que usó en distintas ocasiones cuando podían ocasionar bajas contra los atacantes. Entre los defensores del cuartel hubo bastantes muertos y heridos, porque la parte posterior era de madera y cristales y los revolucionarios hacían fuego sin cesar desde una fábrica que dominaba el edificio. Como la acción de la dinamita surtía sus destructores efectos y el edificio estaba ya en ruinas, todos sus muros con grandes boquetes, y las fuerzas defensoras nos encontrábamos sin municiones, los oficiales decidieron abandonar el cuartel e internarse en el monte con objeto de sumarse a las fuerzas que esperaban viniesen en auxilio o intentar, de ser posible, llegar a Oviedo.

Serían las diez o las once de la mañana cuando se evacuó el cuartel, protegiendo la salida el teniente Ramos con bombas de mano que él mismo había fabricado con tal objeto. Cayeron algunos heridos, entre ellos el declarante, que en un principio no me impidió la herida seguir con los míos la retirada, que se hizo con mucho orden y haciendo numerosas bajas al enemigo. Recuerdo que una bomba arrojada por el teniente Ramos a la casa de «Miramar», donde había parapetados muchos revolucionarios, hizo numerosas bajas y nos facilitó la retirada al campo.

A eso de las doce, mi herida, por la que había perdido mucha sangre, me impidió avanzar y caí desvanecido, perdiendo a los pocos compañeros que habíamos logrado llegar al monte, casi todos heridos de más o menos gravedad. Finalmente, fui conducido al Hospital de la Duro-Felguera, donde supe días después que todos los oficiales y compañeros habían sido muertos por los revolucionarios.

Cree que los hechos relatados hacen que al teniente D. José Ramos Cabello se le considere incluido en el artículo 49, casos tercero, cuarto y noveno; artículo 50, caso quinto; artículo 53, caso primero, y artículo 54, caso primero, del mencionado Reglamento.



Declara el guardia de Asalto Manuel Díaz Alonso, y DICE:

Que pertenecía a la Sección que mandaba el teniente Ramos por espacio de unos tres años, desplegando siempre dicho oficial gran actividad, precisión y prudencia en cuantos servicios se le encomendaban, granjeándose el aprecio y la confianza de sus subordinados por su valor, serenidad y tacto.

Que no ha sido testigo presencial de los hechos realizados en Sama de Langreo con motivo del movimiento revolucionario del pasado octubre, pero, por referencia, considera que realizó actos heroicos. Sabe que dicho oficial se prestó voluntario para ir con un pelotón en auxilio del cuartel de la Guardia Civil de Sama; que, desde que salió de Oviedo, tomó las precauciones necesarias, pues sabía que la situación era grave; que, al llegar a La Felguera, les hicieron disparos, por lo cual el teniente ordenó echar pie a tierra y que avanzaran con las debidas precauciones.

Que, al llegar al puente de la entrada de Sama, el enemigo les hostilizó fuertemente con vivísimo tiroteo de fusilería y dinamita, contestando en debida forma y tomando el establecimiento llamado «Miramar», donde se hicieron fuertes; que después avanzaron y llegaron al cuartel de la Guardia Civil con heridos y muertos, logrando imponer el principio de autoridad en la mañana del día 5; envalentonados los revolucionarios, debido a su gran número, tuvieron que refugiarse en el citado cuartel, en donde se resistieron, en unión de las fuerzas que allí había, hasta que, destruido este por la dinamita de los rebeldes, fue necesario evacuarlo, para lo cual el teniente Ramos fabricó bombas con dinamita cogida a ellos y se abrió paso con los supervivientes, marchando al campo e internándose en el monte, donde, debido al gran número de revolucionarios, fue hecho prisionero con los pocos que quedaban, después de haber sido herido; el odio de las turbas revolucionarias, ante los daños que les fueron causados por el heroico comportamiento de este oficial, hizo que fuera fusilado, muriendo con entereza y dignidad.

Que, posteriormente a los hechos, el declarante estuvo en Sama de Langreo, donde se enteró por la dueña del establecimiento «Miramar» de que el comportamiento de dicho oficial fue heroico, pues la misma dueña, en vista de la situación, le dijo que le valdría más entregarse, pues de lo contrario los matarían, a lo que contestó el teniente que en ninguna forma lo haría y que, si se entregaba, eso sí, que sería su muerte.

Que lo considera incluido en el artículo 49, casos tercero, cuarto y noveno, así como en el artículo 50, caso quinto, y en el 54, caso primero, del Reglamento de la Orden de San Fernando.


Declara el guardia civil de la Comandancia de Oviedo, Joaquín Herrero Martín, y DICE:
Que pertenecía al puesto de la Guardia Civil de Sama durante el movimiento revolucionario del mes de octubre, encontrándose, por tanto, presente cuando los sucesos ocurridos en aquel pueblo; que el día 5 de dicho mes, sé encontraban las fuerzas de la Guardia Civil de aquel puesto defendiendo su casa-cuartel, y que a eso de las once dé dicho día, sintieron pico: y fuertes descargas de fusilería, suponiendo que fueron fuerzas de Asalto, lo que pudieron comprobar cuando se aproximaron dos guardias de Asalto heridos, lo cual, una vez conocida la situación de dichas fuerzas, se estuvo haciendo fuego para proteger la entrada de dicha fuerza, siendo entonces cuando pudieron entrar el teniente Ramos acompañado de el de igual empleo apellidado Calderón y unos siete u ocho números más de guardias de esta fuerza, los cuales llevaban una ametralladora y una caja de municiones, continuando todos la defensa de la casa-cuartel hasta que, haciéndose imposible de todo punto, toda vez que los revolucionarios no dejaban de lanzar dinamita, se acordó la evacuación e internarse en el monte para poder de esta forma unirse a las fuerzas que, decían, iban en nuestro auxilio, donde después de resistirnos en lo que se pudo, fueron hechos prisioneros y llevados a la Casa del Pueblo de Sama; el día 9, a las dos y media o tres de la madrugada, fueron sacados los tenientes Cabello, Calderón y Llovera y llevados al cementerio, donde fueros fusilados por los revolucionarios. Que la actuación del teniente Ramos en la defensa de la casa-tuartel, lo mismo que la evacuación y en el monte, fue digna de un oficial del Ejército, comportándose serenamente y con mucha serenidad en todo momento, haciendo fuego él mismo con la ametralladora que tenían y lanzando bombas de mano. Considera heroico el comportamiento de este oficial.

 Declara el paisano D. Heliodoro Temprano Hernández, y DICE:

Que pertenecía al puesto de la Guardia Civil de Sama durante el movimiento revolucionario del mes de octubre, encontrándose, por tanto, presente cuando ocurrieron los sucesos en aquel pueblo; que el día 5 de dicho mes se encontraban las fuerzas de la Guardia Civil de aquel puesto defendiendo su casa-cuartel, y que, a eso de las once de dicho día, sintieron disparos y fuertes descargas de fusilería, suponiendo que se trataba de fuerzas de Asalto, lo que pudieron comprobar cuando se aproximaron dos guardias de Asalto heridos; conocida la situación de dichas fuerzas, se estuvo haciendo fuego para proteger la entrada de las mismas, siendo entonces cuando pudieron entrar el teniente Ramos, acompañado de otro de igual empleo apellidado Calderón, y unos siete u ocho números más de guardias de esta fuerza, los cuales llevaban una ametralladora y una caja de municiones, continuando todos la defensa de la casa-cuartel hasta que, haciéndose imposible de todo punto, toda vez que los revolucionarios no dejaban de lanzar dinamita, se acordó la evacuación e internarse en el monte para poder, de esta forma, unirse a las fuerzas que, decían, iban en su auxilio.

Allí, después de resistirse en lo que se pudo, fueron hechos prisioneros y llevados a la Casa del Pueblo de Sama; el día 9, a las dos y media o tres de la madrugada, fueron sacados los tenientes Cabello, Calderón y Llovera y llevados al cementerio, donde fueron fusilados por los revolucionarios.

Que la actuación del teniente Ramos en la defensa de la casa-cuartel, lo mismo que en la evacuación y en el monte, fue digna de un oficial del Ejército, comportándose con serenidad en todo momento, haciendo fuego él mismo con la ametralladora que tenían y lanzando bombas de mano. Considera heroico el comportamiento de este oficial.

Declara la testigo presencial doña Adelina Fernández de Temprano, y DICE:

Que habitaba en el pueblo de Sama, como esposa del ingeniero industrial señor Temprano, en un chalet próximo a la fonda «Miramar», del citado pueblo; que presenció la llegada de los guardias al mando del teniente Ramos, que ocuparon su casa, así como que dicho oficial distribuyó a los hombres que llevaba en las ventanas y mandó colocar una ametralladora en la claraboya central del chalet.

Que ella indicó al teniente Ramos dónde estaba el cuartel de la Guardia Civil y que, inmediatamente después de hecho el reconocimiento por él, distribuyó su fuerza y empezó el fuego; que ella, igualmente, le indicó quién era el capitán Alonso Nart, y entonces el teniente se subió a una silla y, desde una ventana y por medio de señas, consiguió establecer enlace con él.

Que presenció cómo, a la caída de la tarde y aprovechando la oscuridad, el enemigo se acercaba a la casa, y que entonces oyó decir al teniente Ramos que le faltaban municiones; que subió al tejado para tratar de descubrir al dirigente enemigo que dirigía la acción.

Que recuerda que en su casa había muchas prendas de paisano pertenecientes a su esposo, hermano y un cuñado; que la declarante las encontró en la habitación donde solo entraba el teniente Ramos, y que cree firmemente que el citado oficial las quitó de en medio en evitación de que pudieran ser utilizadas por la tropa a sus órdenes, en caso de que alguno cayera en la tentación de ello y tratara de desenfilarse.


  Declara un guarda jurado, y MANIFIESTA:
Que desde el sitio que ocupaba vio que los camiones estaban acribillados a balazos y que el aceite y la gasolina salían a chorros; que el teniente Ramos recorría los diferentes lugares que ocupaban sus fuerzas y, vista la imposibilidad de defenderse en la calle, ordenó que se retiraran al interior de los edificios; que, al retirar la ametralladora, vio que un sirviente de la misma cayó gravemente herido, acudiendo el teniente, que lo cogió en brazos y pudo retirarlo.

Que la retirada al interior de los edificios, a juicio del que declara, fue dificilísima; tanto es así que el teniente, para exponer menos a su gente, ordenó que las cajas de municiones se fueran arrastrando por cables desde el sitio que ocupaban hasta «Miramar». Que la situación del declarante y del otro guardia que quedaba en la calle era dificilísima, pudiendo llegar a «Miramar», donde le abrió la puerta el teniente Ramos; que, una vez dentro de dicho edificio, después subió a una habitación alta, donde se encontró al citado oficial muy ocupado en montar la ametralladora, ayudándole él siguiendo las indicaciones que el teniente le daba; que también vio que el teniente Ramos y los guardias a sus órdenes ayudaron al personal civil de la fonda, entre los cuales se encontraba el declarante, a desalojarla.

Que considera, por tanto, que la conducta del teniente Ramos, en todo momento, fue modelo de entereza, energía y templanza de ánimo, que constantemente animaba a su fuerza, y que fue heroica su actuación.

  

Declara D. Julio Jolín Danjene, médico de Sama de Langreo, y MANIFIESTA:

Que el domingo 7 de octubre del pasado año fue requerido por los rebeldes para que se presentara sin pérdida de tiempo ante el Comité revolucionario establecido en el Centro Socialista de Sama. Una vez delante de él, preguntó para qué era requerido, manifestándosele que habían cogido a unos oficiales del Ejército prisioneros; que estaban heridos y querían que los reconociera. Seguidamente pasó a una habitación donde se encontraban los tenientes Ramos, Lloveras y Calderón y el guardia civil Herrero; los reconoció seguidamente y pudo apreciar que el teniente Ramos presentaba una herida por arma de fuego con orificio de entrada y salida en la rodilla, cree recordar que derecha, pero su estado de ánimo era excelente.

El declarante indicó al citado Comité la conveniencia de trasladar a estos heridos al hospital para poder atender a su curación, señalando que el cuarto en donde estaban no tenía ni ventilación ni condiciones de higiene, pero le contestaron que tuviese mucho cuidado con lo que decía, pues podría correr la misma suerte que los oficiales.

Que sabe que el teniente Ramos había salido de Oviedo al mando de un camión de guardias en la madrugada del 4 al 5; que no tuvo impedimento alguno en su marcha hasta Noreña; desde este punto a La Gargantada tuvo bastante fuego, y desde este punto hasta Sama el fuego de los rebeldes arreció de manera tan intensa que tuvieron que sostener una gran lucha con los revolucionarios, hiriéndole y causándole gran número de bajas en sus hombres. Tuvieron que sostener acción combinada con la Guardia Civil, a fin de abrirse paso para llegar a la fonda «Miramar» y chalet del señor Temprano, donde emplazaron una ametralladora; desde luego sabe que la fuerza que consiguió este objetivo era escasa por las bajas sufridas y que muchos de los individuos se encontraban heridos.

Que desde «Miramar» y el chalet sostuvieron lucha con los rebeldes; que al anochecer, y por falta de municiones, el teniente Ramos dio orden de replegarse al cuartel de la Guardia Civil, lo que, con gran dificultad y gracias al temple y serenidad de dicho oficial, se consiguió. Que en dicho cuartel continuó con más intensidad la lucha y que, ante la cantidad enorme de dinamita que arrojaban los rebeldes, y destrozado el edificio y reducido el número de defensores, los pocos supervivientes no tuvieron más remedio que desalojarlo, haciendo una retirada hacia la montaña para continuar allí defendiéndose y tomar contacto con las fuerzas gubernamentales.

Que en dicho monte permanecieron muchas horas, caminando siempre en dirección a Oviedo; marcha muy penosa debido a las heridas que sufrían y al agotamiento consiguiente, así como con sed devoradora; que no tuvieron más remedio que pedir a una mujer agua, la cual los delató. Los rebeldes los cercaron estrechamente y, creyendo los oficiales y el guardia civil que los grupos que divisaban eran fuerzas propias, les llamaron dándoles el alto, pero se trataba de revolucionarios que les echaron perros grandes que llevaban para facilitar su busca; les hicieron fuego y, por último, los cogieron prisioneros, llevándolos primeramente a La Felguera y después a Sama. Al cuarto de hora de estar el declarante hablando con los oficiales en su prisión, entraron los revolucionarios, impidiendo que estos siguieran comunicándose con él.

Que durante el transcurso de la conversación que sostuvo con el teniente Ramos pudo apreciar su gran espíritu militar y patriótico, despidiéndose de él con vivas a España, a pesar de la seguridad que tenía de que le quedaban pocos momentos de vida, como ocurrió, pues fue fusilado en la noche siguiente.



La Cruz Laureada para el teniente antequerano Ramos Cabello
«Por tratarse de un paisano nuestro publicamos la gloriosa página que dejó escrita con su sangre el teniente de guardias de Asalto don José Pamos Cabello, para el que pedía su jefe el teniente coronel señor Muñoz Grande, la Cruz Laureada de San Fernando. Las fuerzas vivas de Asturias, a cuyo frente marchan todas las corporaciones oficiales, dirigen al señor ministro de la Guerra esta elocuentísima exposición que nos honramos en reproducir.
Ecxmo. Sr,
En la madrugada del 4 al 5 de Octubre de 1934, se produjo el levantamiento en armas de la cuenca minera asturiana en obediencia a una dura consigna de tipo social.
Proclamada la revolución en los pueblos, en su modalidad libertaria, y dueños los rebeldes de un armamento perfecto, cuidadosamente adquirido y ocultado a las miradas inquisitivas de la fuerza pública, atacó por sorpresa, con furor místico, los escasos y mal dotados reductos gubernamentales diseminados por la zona, ahogando numéricamente a sus defensores.
Sama de Langreo, foco social del coto minero, fue uno de los pueblos atacados. El puesto de la Guardia Civil, reducido y mal dotado, resistió la embestida dinamitera hasta aquellos límites en que agotada la resistencia fisiológica y apuradas las condiciones defensivas del cuartel, se impuso la necesidad de solicitar refuerzos de la capital de la provincia. Y con este motivo se desplazó hacia Sama, la sección de Asalto que mandaba el teniente don José Ramos Cabello. En este militar coincidían una serie de circunstancias que destacan notablemente su figura. Parece que no le correspondía salir conforme al turno de servicio establecido y, o fue elegido como comandante de sección, hábil y decidido, por sus jefes, o se prestó a ello voluntariamente. Pero en cualquiera de estos casos el teniente Ramos Cabello, excelente conocedor de la zona minera y con una acusada personalidad de oficial cumplidor y valiente, que no desconocían los rebeldes, con los cuales se había enfrentado en varias ocasiones, sabía desde el momento que salió de Oviedo que le sería muy difícil forzar la defensa sediciosa y que en ello se jugába la vida, como tantas otras veces lo había hecho al frente de las secciones de Regulares de Ceuta y aun en la misma región que ahora tenía el deber de someter y pacificar.
Estamos, pues, no ante el caso esporádico, irreflexivo y, a pesar de ello, noble, que supone una defensa desesperada en nombre de los principios patrióticos que nutren al Ejército español, sino ante un valor frío, sereno, perfectamente madurado que sabe adonde va y lo que se juega en el empeño, sin que por un momento vacile y haga valer el derecho a quedarse en la capital, a impulsos de afectos familiares, tan caros en todos los hombres. Va a Sama porque cree que debe ir y porque una voluntad fuerte y disciplinada se equilibra y pondera. Una vez más la Patria requería sus servicios y él los prestaba gustoso, caldeado su admirable espíritu militar por la eclosión rebelde.
Salió de Oviedo en auxilio de la Guardia Civil, sitiada en Sama.
No lejos de la capital sostuvo el primer choque con los mineros, dueños de las carreteras. Su sección disminuía alarmantemente, pero su valor indomable forzaba metro a metro el camino ocupado y casi imposible de despejar, con la vista fija en los hombres de la Benemérita acorralados y sin defensa. Llegó a Carballín con una sección desgastada por la lucha y rendida por el esfuerzo. Y antes de reponerse, una enorme población minera, bien equipada de fusiles, dinamita y bombas de mano, virulentamente agresiva y en número quinientas veces superior, le obstruía de nuevo
el camino de Sama. Otra lucha dura, encarnizada. Iban cayendo sus hombres, y hostilizado por todos los flancos, coronó el objetivo que sus jefes le señalaron. Estratégicamente fortificado en unas casas inmediatas al cuartel de la Guardia Civil, barrió, en lo posible, los ángulos muertos para los fusiles de la Benemérita. Fue durante unas horas vigía y tutela de estos hombres que se debatían entre un cinturón de fuego. Hasta que se agotaron las municiones. La primera parte de su gesta estaba terminada. Pero quedaba otra. Había que llegar al cuartel sitiado, reforzarlo con sus hombres y proveerse de las municiones indispensables para continuar la lucha. Para ello había que cruzar una zona batida por el fuego de los revolucionarios. No vaciló. Reunió las fuerzas que quedaban en disposición de luchar, les arengó brevemente, dando a sus palabras la matización suficiente para inyectar nuevas energías en unos hombres agotados por el esfuerzo ininterrumpido, y al frente de ellos, con fría serenidad, consciente del peligro que había que desafiarlo frente a frente, salió de la improvisada fortaleza y bajo la lluvia de fuego y el constante explotar de la dinamita ganó el cuartel de la Guardia Civil. En él continuó la defensa tenaz, durante veintitantas horas; pero el círculo opresor se iba estrechando. El día 6, a las once de la mañana, la dinamita de los revolucionarios destruía implacablemente los muros del edificio. La defensa era imposible. Ni refuerzo, ni municiones; pero jamás parlamentar con el enemigo. Había que aprovechar las últimas reservas defensivas consistentes en unas bombas de mano. Con ellas salió a la calle el teniente Ramos Cabello y los que aún quedaban con vida, dispuestos a abrirse paso o morir. Las lanzó contra la masa revolucionaria y el humo y el polvo de las explosiones facilitó la retirada con los guardias supervivientes. Su heroísmo y su serenidad paralizó momentáneamente el fuego, y las granadas de mano, hábilmente dirigidas, pusieron en dispersión a centenares de rebeldes. Cuando éstos reaccionaron, creyendo muertos a todos los defensores del orden, el bravo oficial y sus escasos hombres, se retiraban a las afueras de la población esperando establecer contacto con fuerzas de auxilio.

Allí los encontraron uno o dos días después y aunque extenuados, famélicos, desangrados y sin municiones, aun creían que sus fuerzas responderían al inextinguible espíritu militar que los animaba. Pero la sed febril y la pérdida sanguínea, consumaban su obra. Uno de ellos se arrastró fuera del inútil reducto y pidió agua a una mujer que cerca pasaba. Esta denunció su presencia a la primera patrulla revolucionaria que encontró y cuando los rebeldes aparecieron dispuestos a darles caza, aquellos valientes consumieron el último esfuerzo defendiéndose con las piedras del improvisado parapeto. Fueron trasladados a rastras hasta Sama, donde un comité revolucionario los condenó a muerte.
Momentos antes de la ejecución un médico del pueblo quiso ver a los gravemente heridos, llevado por sus impulsos humanitario y profesional.
El héroe Ramos Cabello aún tuvo alientos para encargarle que llevara a su mujer y a sus hijos su último recuerdo y la recomendación de que éstos fueran educados en el
amor a la Patria, por la que él daba su vida.
Esta es la página inmortal legada al Cuerpo de Asalto por el teniente don José Ramos Cabello y fuerzas a sus órdenes. Su heroísmo glorifica a las fuerzas republicanas de que formó parte. Pero la República le debe una recompensa.
Para premiar los hechos heroicos existe una Cruz Laureada de San Fernando. El teniente don José Ramos Cabello la ha ganado. Y las fuerzas vivas de Asturias, que sintieron en su carne el escozor revolucionario, la piden al unísono en un grito de justicia.»

 José Ramos Cabello 
Entre las víctimas producidas por los sucesos de Asturias, ha figurado un joven antequerano, el teniente de Asalto don José Ramos Cabello, hijo de nuestro distinguido colaborador el comisario de Policía don José Ramos Bazaga y emparentado con familias de esta ciudad. Como homenaje a la memoria del bizarro oficial, muerto heroicamente en cumplimiento de su deber, reproducimos la siguiente necrología, aparecida en «La Voz de Asturias», diario de Oviedo:
«El pasado movimiento revolucionario, con su secuela de crímenes espantosos, ha hecho el sacrificio de muchas vidas. Una de las sacrificadas gloriosamente ha sido la del que fue pundonoroso teniente del Cuerpo de guardias de Asalto don José Ramos Cabello, que al frente de los suyos, de los hombres que se le habían confiado, se entregó ardientemente, desafiando todos los peligros, sin temerlos en ningún instante, porque era hombre tan decidido como valiente, con alta conciencia de sus deberes, a la defensa de los Poderes legítimos y con ella a la de las víctimas inocentes de tanta locura desatada. Y esto ocurría en Sama de Langreo, donde la situación era de las más difíciles y espinosas, sin que por ello flaqueara su ánimo ni se debilitaran sus energías, que eran las del hombre sereno, de ánimo templado, que ponía por delante cuanto representara cumplimiento del deber, por penoso que fuera, por mucho que su deber exigiera y por mucho que hubiera que sacrificar en tal instante. Y en el cumplimiento de ese deber falleció en la capital del concejo langreano, y su memoria, como se trataba de un brillante oficial del Ejército, que fue de los entusiastas del Cuerpo de Asalto, en el que figuró con merecidos prestigios, su nombre, tan familiar a los ovetenses, será aureolado por el respeto y la simpatía y la admiración más sinceras. Todo lo merecía el bravo militar, que por otra parte era un hombre con corazón bondadoso que había derramado inefables ternuras sobre la esposa y los hijos amados, que no pueden conocer, en sus pocos años, la pérdida sufrida, tan honda y tan dolorosa para todos los familiares.» 
A su viuda, doña Carmen Aspiroz Luis; hijos José Luis y Carlos; padres don José Ramos Bazaga (comisario de Policía jubilado) y doña María Cabello; padre político don Joaquín Aspiroz; hermanos don Benito, doña María, doña Angustias y doña Pepita; hermanos políticos y sobrinos, enviamos el testimonio de nuestro sincero pésame. 




Por una de esas raras reflexiones
de la luz, que los físicos
explicarán llenando
de fórmulas un libro…
Mirándome las manos
—como hacen los enfermos de continuo—
veo, en la faceta de un diamante, en una
faceta del diamante de mi anillo,
reflejarse tu cara, mientras piensas
que divago o medito
o sueño… He descubierto,
por azar, este medio tan sencillo
de verte y ver tu corazón, que es otro
diamante puro y limpio.
Cuando muera, déjame
en el dedo este anillo.
 MANUEL MACHADO


Para honrar la memoria del heroico teniente antequerano señor Ramos Cabello SE PIDE QUE LE SEA CONCEDIDO EL EMPLEO DE CAPITÁN
El diputado liberal demócrata don Alfonso Muñoz de Diego, en unión de otros diputados asturianos, ha presentado a las Cortes la siguiente proposición de ley para honrar la memoria del heroico teniente de Asalto Ramos Cabello, nacido en Antequera, hijo del comisario general de Vigilancia, jubilado, don José Ramos Bazaga, al cual, así como a su familia reiteramos nuestro pésame al cumplirse el primer aniversario de la muerte en cumplimiento del deber de su expresado hijo. Dicha proposición dice así: «A las Cortes: Los extraordinarios servicios prestados en defensa del orden público durante los sucesos revolucionarios de Octubre de 1934 por el heroico teniente de Seguridad y Asalto don José Ramos Cabello, procedente del Arma de Infantería, que teniendo una historia militar tan breve como esmaltada de hechos relevantes, la coronó gloriosamente muriendo el día 9 del referido mes de Octubre en Sama de Langreo, después de una defensa heroica, mueven a los diputados que suscriben, al igual que se hizo homenaje al capitán de la Guardia Civil don José Alonso Nart, a conmemorar aquel aniversario, no sólo resaltando como se merece tan ejemplar conducta, sino premiándola de modo adecuado en las personas de su viuda y de sus hijos. Cuando se está tramitando el expediente para la concesión de la Cruz laureada por la honrosa conducta de Ramos Cabello frente a los enemigos de la República, se otorga a la viuda la pensión consistente en el sueldo que disfrutaba su esposo; pero con deducción de las mil pesetas dos quinquenios que llevaba de anuales correspondientes a los servicios efectivos en su categoría y asimismo sin tener presente la gratificación de dos mil quinientas pesetas anuales que cobrara por servir en el Cuerpo de Seguridad y Asalto, deducción esta última, hecha, sin duda, teniendo presente el artículo 18 de! Estatuto de Clases Pasivas. Frente a un hecho extraordinario no puede aplicarse la norma corriente restringiendo el abolió de la gratificación ni deduciendo el sucesivo aumento periódico constituido por los quinquenios que incrementaron el sueldo inicial y que debieron tenerse en cuenta para la determinación de! regulador, según el mismo párrafo último que dicho precepto estatutario consagra; pero, sobre todo, en análogos casos la pensión no se limitó a la correspondiente del empleo o cargo servidos por el causante, sino a la del inmediatamente superior significado por el ascenso. Todas estas consideraciones, de absoluta justicia reparadora, mueven a los diputados que suscriben a formular la siguiente proposición de ley: Artículo primero.— Se concede el empleo de capitán de! Cuerpo de Seguridad y Asalto a don José Ramos Cabello, teniente de Infantería que servía en Seguridad y Asalto al ocurrir la muerte, con ia efectividad consiguiente desde 9 de Octubre, fecha de su fallecimiento. Artículo segundo.— Se concede a doña Carmen Aspiroz Luis, viuda del teniente fallecido, la pensión extraordinaria del sueldo íntegro del empleo de capitán del Cuerpo de Seguridad y Asalto, computando para ei sueldo regulador los dos quinquenios que ¡llevaba de antigüedad en el empleo de teniente y asimismo la gratificación anual que percibía al servir en el Cuerpo de Seguridad, de dos mil quinientas pesetas, cuya pensión disfrutará mientras conserve su aptitud legal para el percibo y le será abonada desde el día 10 de Octubre de 1934, siguiente al del fallecimiento del causante y con deducción de lo que hubiere percibido por virtud de la de cinco mil pesetas anuales concedida por la Dirección de la Deuda y Clases Pasivas con fecha 16 de Julio de 1935.Artículo tercero.- En caso de que doña Carmen Aspiroz contraiga matrimonio o fallezca, pasará la pensión que se le concede a los hijos menores del matrimonio, don José Luis y don Carlos Ramos Aspiroz, hasta que cumplan la edad de 23 años; en caso de fallecimiento de uno, al que de los mismos sobreviva, acreciendo la parte del premuerto el sobreviviente.»




La Cruz Laureada para el teniente antequerano Ramos Cabello

Por tratarse de un paisano nuestro, publicamos la gloriosa página que dejó escrita con su sangre el teniente de guardias de Asalto don José Ramos Cabello, para el que pedía su jefe el teniente coronel señor Muñoz Grande, la Cruz Laureada de San Fernando. Las fuerzas vivas de Asturias, a cuyo frente marchan todas las corporaciones oficiales, dirigen al señor ministro de la Guerra esta elocuentísima exposición que nos honramos en reproducir.
Ecxmo. Sr,
En la madrugada del 4 al 5 de Octubre de 1934, se produjo el levantamiento en armas de la cuenca minera asturiana en obediencia a una dura consigna de tipo social. Proclamada la revolución en los pueblos, en su modalidad libertaria, y dueños los rebeldes de un armamento perfecto, cuidadosamente adquirido y ocultado a las miradas inquisitivas de la fuerza pública, atacó por sorpresa, con furor místico, los escasos y mal dotados reductos gubernamentales diseminados por la zona, ahogando numéricamente a sus defensores. Sama de Langreo, foco social del coto minero, fue uno de los pueblos atacados. El puesto de la Guardia Civil, reducido y mal dotado, resistió la embestida dinamitera hasta aquellos límites en que agotada la resistencia fisiológica y apuradas las condiciones defensivas del cuartel, se impuso la necesidad de solicitar refuerzos de la capital de la provincia. Y con este motivo se desplazó hacia Sama, la sección de Asalto que mandaba el teniente don José Ramos Cabello. En este militar coincidían una serie de circunstancias que destacan notablemente su figura. Parece que no le correspondía salir conforme al turno de servicio establecido y, o fué elegido como comandante de sección, hábil y decidido, por sus jefes, o se prestó a ello voluntariamente. Pero en cualquiera de estos casos el teniente Ramos Camilo, excelente conocedor de la zona minera y con una acusada personalidad de oficial cumplidor y valiente, que no desconocían los rebeldes, con los cujíes se había enfrentado en varias ocasiones, sabía desde el momento que salió de Oviedo que le sería muy difícil forzar la defensa sediciosa y que en ello se jugaba la vida, como tantas otras veces lo había hecho al frente de las secciones de Regulares de Ceuta y aun en la misma región que ahora tenía el deber de someter y pacificar. Estamos, pues, no ante el caso esporádico, irreflexivo y, a pesar de ello, noble, que supone una defensa desesperada en nombre de los principios patrióticos que nutren al Ejército español, sino ante un valor frío, sereno, perfectamente madurado que sabe adonde va y lo que se juega en el empeño, sin que por un momento vacile y haga valer el derecho a quedarse en la capital, a impulsos de afectos familiares, tan caros en todos los hombres. Va a Sama porque cree que debe ir y porque una voluntad fuerte y disciplinada se equilibra y pondera. Una vez más la Patria requería sus servicios y él los prestaba gustoso, caldeado su admirable espíritu militar por la eclosión rebelde. Salió de Oviedo en auxilio de la Guardia Civil, sitiada en Sama. No lejos de la capital sostuvo el primer choque con los mineros, dueños de las carreteras. Su sección disminuía alarmantemente, pero su valor indomable forzaba metro a metro el camino ocupado y casi imposible de despejar, con la vista fija en los hombres de la Benemérita acorralados y sin defensa. Llegó de Carballín con una sección desgastada por la lucha y rendida por el esfuerzo. Y antes de reponerse, una enorme población minera, bien equipada de fusiles, dinamita y bombas de mane, virulentamente agresiva y en número quinientas veces superior, le obstruía de nuevo el camino de Sama. Otra lucha dura, encarnizada. Iban cayendo sus hombres, y hostilizado por todos los flancos, coronó el objetivo que sus jefes le señalaron. Estratégicamente fortificado en unas casas inmediatas al cuartel de la Guardia Civil, barrió, en lo posible, los ángulos muertos para los fusiles de la Benemérita. Fué durante unas horas vigía y tutela de estos hombres que se debatían entre un cinturón de fuego. Hasta que se agotaron las municiones. La primera parte de su gesta estaba terminada. Pero quedaba otra. Había que llegar al cuartel sitiado, reforzarlo con sus hombres y proveerse de las municiones indispensables para continuar la lucha. Para ello había que cruzar una zona batida por el fuego de los revolucionarios. No vaciló. Reunió las fuerzas que quedaban en disposición de luchar, les arengó brevemente, dando a sus palabras la matización suficiente para inyectar nuevas energías en unos hombres agotados por el esfuerzo ininterrumpido, y al frente de ellos, con fría serenidad, consciente del peligro que había que desafiarlo frente a frente, salió de la improvisada fortaleza y bajo la lluvia de fuego y el constante explotar de la dinamita ganó el cuartel de la Guardia Civil. En él continuó la defensa tenaz, durante veintitantas horas; pero el círculo opresor se iba estrechando. El día 6, a las once de la mañana, la dinamita de los revolucionarios destruía implacablemente los muros del edificio. La defensa era imposible. Ni refuerzo, ni municiones; pero jamás parlamentar con el enemigo. Había que aprovechar las últimas reservas defensivas consistentes en unas bombas de mano. Con ellas salió a la calle el teniente Ramos Cabello y los que aún quedaban con vida, dispuestos a abrirse paso o morir. Las lanzó contra la masa revolucionaria y el humo y el polvo de las explosiones facilitó la retirada con los guardias supervivientes. Su heroísmo y su serenidad paralizó momentáneamente el fuego, y las granadas de mano, hábilmente dirigidas, pusieron en dispersión a centenares de rebeldes. Cuando éstos reaccionaron, creyendo muertos a todos los defensores del orden, el bravo oficial y sus escasos hombres, se retiraban a las afueras de la población esperando establecer contacto con fuerzas de auxilio. Al teniente Ramos Cabello le acompañaban otros dos oficiales y dos guardias, todos heridos. Las patrullas de revolucionarios lanzados en su búsqueda registraban minuciosamente el monte de Gargantada por donde suponían que los héroes estaban parapetados. Allí los encontraron uno o dos días después y aunque extenuados, famélicos, desangrados y sin municiones, aun creían que sus fuerzas responderían al inextinguible espíritu militar que los animaba. Pero la. sed febril y la pérdida sanguínea, consumaban su obra. Uno de ellos se arrastró fuera del inútil reducto y pidió agua a una mujer que cerca pasaba. Esta denunció su presencia a la primera patrulla revolucionaria que encontró y cuando los rebeldes aparecieron dispuestos a darles caza, aquellos valientes consumieron el último esfuerzo defendiéndose con las piedras del improvisado parapeto. Fueron trasladados a rastras hasta Sama, donde un comité revolucionario los condenó a muerte. Momentos antes de la ejecución un médico del pueblo quiso ver a los gravemente heridos, llevado por sus impulsos humanitario y profesional. El héroe Ramos Cabello aún tuvo alientos para encargarle que llevara a su mujer y a sus hijos su último recuerdo y la recomendación de que éstos fueran educados en el amor a la Patria, por la que él daba su vida. Esta es la página inmortal legada al Cuerpo de Asalto por el teniente don José Ramos Cabello y fuerzas a sus órdenes. Su heroísmo glorifica a las fuerzas republicanas de que formó parte. Pero la República le debe una recompensa. Para premiar los hechos heroicos existe una Cruz Laureada de San Fernando. El teniente don José Ramos Cabello la ha ganado. Y las fuerzas vivas de Asturias, que sintieron en su carne el escozor revolucionario, la piden al unísono en un grito de justicia.
(1) NUEVA REVISTA DE ANTEQUERA, enero de 1935



Nacido el 27 de marzo de 1905. Hijo del comisario del Cuerpo de Vigilancia, don José RAMOS BAZAGA. Ingresa en el Ejército el 9 abril de 1922, ascendiendo a Teniente el 30 de junio de 1926. En el Anuario militar de 1930, aparece destinado en el Regimiento de Infantería Príncipe nº 3.
En la relación escalafonal del Cuerpo de Seguridad, de fecha 1º de enero de 1934, aparece destinado en la 18ª Compañía de Asalto de guarnición en Oviedo.



jueves, 13 de febrero de 2020

CAÍDOS EN EL CUMPLIMIENTO DEL DEBER

Oficiales, Clases y Guardias del Cuerpo de Seguridad muertos en los sucesos revolucionarios de octubre de 1934

Relación nominal de oficiales, clases y guardias del Cuerpo de Seguridad, Secciones de Asalto, Servicios Locales y Caballería, muertos durante los sangrientos sucesos revolucionarios acaecidos en España en octubre de 1934, instigados por partidos de izquierda y de extrema izquierda.

Todos ellos entregaron sus vidas en el cumplimiento del deber, en defensa de la sociedad española y de la integridad de España. Su entrega y su heroísmo no permiten que los olvidemos.


Emblema del Cuerpo de Seguridad (1931)


DULCE ET DECORUM PRO PATRIA MORI

¡Presentes!

Oficiales:

Tenientes: José Ramos Cabello (de la 18ª Compañía de Oviedo, muerto en Sama); César García Iglesias (del destacamento de Gijón, fusilado por los revolucionarios en Sama); Arturo Martínez Calderón de la Barca (de Oviedo, muerto en Sama) y José del Olmo Obregón (de Oviedo, muerto en La Manzaneda).


Clases y Guardias (Asalto):

De la 18ª Compañía de Asalto (Oviedo)
Cabos: Eradio Martínez Mancebo y Guillermo García Robles.
Guardias: Jesús Pérez Caso; José Pita Varela; Melitón Fernández Bueno; Prisciliano Alonso Castro; Emiliano Álvarez Arias; Luis Arias Celada; Adrián Castañeda García; Víctor Díaz Álvarez; Antonio Espín Perona; Eduardo Fernández Domínguez; Manuel Fernández González; Jesús Frey Río; Fernando García Ferreiro; Vicente González García; Luis Gutiérrez Suárez; Manuel López González; Manuel Quiroga Rodríguez; Darío Rodríguez López; Faustino Sobrado González; José Valsa Rodríguez; Alejandro López Bao; Francisco Morales de Lucas y Ramiro Melcón Díez.

De la 21ª Compañía de Asalto (Salamanca)
Guardias: Lucas Herrero Sendín y Victoriano Sánchez González.

De la 28ª Compañía de Asalto (Valladolid)
Guardias: Miguel Recio Sánchez y Antonio Puerta Sánchez.

De la 24ª Compañía de Asalto (Burgos)
Guardias: Lucio Sebastián Moreno y Manuel Rosado Gómez.

De la 16ª Compañía de Asalto (La Coruña)
Guardias: Amador López Gay; Emilio Méndez Rodríguez; Federico Segundo Ventura Sande; Jeremías Álvarez Rodríguez y José López Seijas.

De la 8ª Compañía de Asalto (Madrid)
Guardia Tomás Cascos Alonso.

De la 9ª Compañía de Asalto (Madrid)
Guardia Manuel Uceta Bravo.

De la 12ª Compañía de Asalto (Bilbao)
Guardia Gregorio Sáez Uzquiano.

De la 2ª Compañía de Especialidades (Madrid)
Guardias: Lorenzo Chacón Ortíz; Victoriano Simón Pérez; José Aranda López; Antonio González Crespo; Faustino Almazán Pleguezuelo; Manuel García Martínez; Aureliano Moreno Pérez; Eduardo Márquez del Prado; José Fernández Amelín y Eusebio Machuca Rodríguez.

A estos hay que añadir los Guardias Buenaventura Matamala; Juan Villalta y Francisco López Pérez.

Clases y Guardias (Servicios Locales):

De la Compañía de Oviedo:
Guardias: Florentino González de la Fuente; Esteban Martín Ibáñez; Mariano Encinas Martínez; Robustiano Marañas Cascos; Moisés Aláez Robles; Joaquín García Díaz y Pedro Ordoñez Díez.

De la Compañía de La Coruña:
Guardia José Peña Pedre (Sección de Ferrol).

De la 5ª Compañía de Servicios Locales de Madrid:
Guardia Lorenzo Mejías García.

De la 2ª Compañía de Servicios Locales de Madrid:
Guardia José López Freige.

Del 1º Escuadrón de Caballería de Madrid:
Guardia Esteban Casla Llorente.

Del Destacamento de Sama de Langreo:
Guardias: Fermín Santos Pascual; Alberto Rodríguez Fernández; David Álvarez González y Eustaquio Sáenz Segura.

Totales: 4 Tenientes, 2 Cabos y 63 Guardias.


 Resultado de imagen de oviedo revolucion 1934



Resultado de imagen de oviedo revolucion 1934