«Hay cosas que sabemos que sabemos. También sabemos que desconocemos cosas, es decir, sabemos que hay ciertas cosas que no sabemos. Pero también hay cosas que desconocemos que desconocemos, aquellas que no sabemos que no sabemos».Donald RumsfeldSobre lo sabido y lo ignorado
Hay cosas que sabemos que sabemos, esas certezas que, por sencillas o por arduas, descansan en la conciencia como piedras firmes en un río. Son los conocimientos que nos pertenecen y nos acompañan, como compañeros silenciosos en el caminar de la vida.
Sabemos, asimismo, que ignoramos ciertas cosas; que existen conocimientos que, aunque intuyamos su presencia, nos son vedados. Esta conciencia del vacío nos hace cautelosos, nos impide errar con ligereza y nos enseña a estimar el valor del aprendizaje.
Pero existen otras cosas, más misteriosas y sutiles, que desconocemos incluso en nuestra ignorancia: aquellas que no sabemos que no sabemos. Son los secretos del mundo y de nosotros mismos, los horizontes ocultos tras la bruma de la experiencia. Quien los intuye, descubre que la verdadera sabiduría no consiste en acumular certezas, sino en medir con respeto la vastedad de lo desconocido.
En la vida, la prudencia nace de esta triple contemplación: de lo que sabemos, de lo que sabemos que ignoramos, y de aquello que ni siquiera sospechamos. Y quien aprende a convivir con estas tres capas de conciencia, camina con humildad, sin arrogancia, y con la dignidad serena de quien entiende que el saber humano siempre es apenas un farolillo ante la noche infinita del mundo.
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