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jueves, 13 de febrero de 2025
HISTORIA SEMÁNTICA DEL TÉRMINO 'MAGISTERIUM'
domingo, 26 de enero de 2025
La psicología del hablante. CONDICIONAL DE POSIBILIDAD
La psicología del hablante.
Estas formulaciones verbales tienen mucho que ver con la psicología del hablante (o del escritor). Podemos decir: «Si vinieras, te invitaría a comer». Y también «si vienes, te invitaré a comer». Incluso «si vienes, te invito a comer». Las tres frases significan en esencia lo mismo (en todos los casos la comida es gratis), pero hay diferencias psicológicas entre ellas. La primera —«si vinieras, te invitaría a comer»— retrata nuestra desconfianza respecto a la posibilidad de que la persona en cuestión venga. La segunda —«si vienes, te invitaré a comer»— expresa que ciertamente creemos en la posibilidad de que acepte. Y la tercera —«si vienes, te invito a comer»— refleja nuestra mayor confianza aún en esa posibilidad, que acercamos al momento presente certificando así su inminencia.
Por eso si mezclamos los elementos («si vinieras, te invito») perdemos expresividad, puesto que arruinamos la diferenciación psicológica. Si decimos «si vinieras, te invitaré a comer», ¿qué estamos pensando realmente, que se cumplirán los hechos que enunciamos o que será más bien difícil que ocurra así? Para verlo más claro aún, invirtamos los términos: «Si vienes, te invitaría». ¿Qué hemos querido decir en este caso? Habremos perdido una parte de la riqueza del lenguaje y de nuestra capacidad de comunicación.
Ralph Penny, en su libro Gramática histórica del español, divide en tres grupos las oraciones condicionales.
POSIBILIDAD ABIERTA:
1. En tiempo pasado: «Si hizo eso, fue imprudente». El hablante deja abierta la pregunta de si la condición planteada se cumplió o no. Ahora ponemos entre paréntesis, en la frase del ejemplo, lo que el hablante da a entender que está pensando: «Si hizo eso (y yo no lo sé), fue imprudente».
2. Y en tiempo no pasado: «Si puede (y no lo sé), lo hará»; «si puede (y no lo sé), lo hace». Las oraciones condicionales abiertas pueden emplearse con cualquier forma verbal del pasado en indicativo, como el pretérito («si hizo eso, fue imprudente»), el imperfecto («si podía, lo hacía»), el perfecto («si ha podido, lo ha hecho»)… Cuando la primera cláusula se expresa en presente («si puede...»), la segunda cuenta con la posibilidad de tomar tanto la forma del presente («... lo hace») como la del futuro («... lo hará»).
POSIBILIDAD IMPROBABLE: «Si pudiese, lo haría». El hablante apunta que es probable que no se cumpla la condición planteada. Con el mismo ejemplo, y poniendo entre paréntesis lo pensado que subyace en la expresión: «Si pudiese (pero no creo que pueda) lo haría».
POSIBILIDAD IMPOSIBLE (valga la paradoja): «Si hubiese podido, lo habría hecho». El hablante quiere significar que no hubo manera de que se cumpliese la condición, ni tampoco su consecuencia. «Si hubiese podido (pero no pudo), lo habría hecho (pero no lo hizo)». Tiene importancia esta segunda parte («pero no lo hizo») porque el potencial «habría» se usa con harta frecuencia en los periódicos para significar una «posibilidad posible» —uso que sí admite el idioma francés, donde se evidencia otra lógica a este respecto—, cuando en español el uso de «habría» sólo implica imposibilidad. Pero de eso hablaremos más extensamente en otro apartado (el dedicado a los verbos).
Las condicionales abiertas se expresan siempre en modo indicativo; mientras que las condicionales improbables y las imposibles precisan del subjuntivo tanto en la prótasis (la cláusula subordinada, «si hubiera») como en la apódosis (la cláusula principal, «habría»).
A veces querremos expresar en primer lugar la cláusula principal (también por un factor psicológico, según la importancia que demos a cada una de las dos cláusulas), pero eso no debe hacer que perdamos el sentido de la concordancia. Por ejemplo: «Habría saludado a Juan si él hubiera venido». La cláusula principal pasa a encabezar la frase, pero sigue siendo la principal. Para no equivocarnos, intentemos siempre reducirlo todo al tiempo simple, mentalmente: si tenemos la idea (confusa en su sintaxis) «hubiera saludado a Juan si él hubiera venido» y deseamos averiguar con certeza cuál de los dos verbos debemos sustituir por «habría», cambiemos la expresión de este modo: «Saludaría a Juan si él viniera». Está claro así cuál de los dos hubiera debe terminar en ía.
Tiempo compuesto: «Hubiera saludado a Juan si él hubiera venido».
Tiempo simple: «Saludaría a Juan si él viniera».
Por tanto: «Habría saludado a Juan si él hubiera venido».
El latín tardío no diferenciaba entre condicionales improbables e imposibles, ni entre las que apuntaban al pasado o al futuro. Tampoco en todo el periodo medieval existió esa diferencia, como recuerda Ralph Penny. Se trata, pues, de una evolución magnífica en el idioma castellano, y debemos cuidarla para que no se pierda entre las confusiones actuales.
Como se ve, las condicionales requieren una especial consideración debido a que la relación entre las dos cláusulas que las componen es mucho más estrecha que la existente entre la principal y la subordinada en otros tipos de oraciones complejas. Y ahí desempeña un importante papel la correcta concordancia. Y hay que fijarse en ella cada vez que se acuda a esta fórmula.
Si el coste laboral de la maternidad recae exclusivamente sobre las trabajadoras se habría puesto en marcha uno de los mecanismos más eficaces que se pueda imaginar para disuadirlas: bien de trabajar, bien de tener hijos. (El País, 1 de diciembre de 2000. Editorial).
En vez de esa mala concordancia (la correlación temporal carece de sentido), y como se puede deducir de todo lo antedicho, el editorialista debió haber escrito:
Si el coste laboral de la maternidad recayese exclusivamente sobre las trabajadoras se pondría en marcha uno de los mecanismos más eficaces...
O bien:
Si el coste laboral de la maternidad hubiera recaído exclusivamente sobre las trabajadoras se habría puesto en marcha uno de los mecanismos más eficaces...
O mejor aún:
Si el coste laboral de la maternidad recae exclusivamente sobre las trabajadoras se pondrá en marcha uno de los mecanismos más eficaces...
sábado, 18 de diciembre de 2021
Nomen est omen
'Nomen est omen': El nombre es destino
1. Praenomen: Equivale a nuestro nombre; el hijo lo heredaba del padre. Como sólo había una lista de 17 o 18 praenomina, solían repetirse y, como eran conocidos por todos, se ponían en forma abreviada.
Algunos de los que nos resultan más conocidos son [3]:
· Gaius (G.) / Caius (C.); Gayo / Cayo
· Gneus (Gn.) / Cneus (Cn.): Gneo / Cneo
· Lucius (L.); Lucio
· Marcus (M.); Marco
· Publius (P.); Publio
· Quintus (Q.); Quinto
· Tiberius (Ti.); Tiberio
· Titus (T.); Tito
C. Iulius Caesar, debe su cognomen a caesura que significa «corte» porque se dice que nació a través de un corte hecho al vientre de su madre, de ahí «cesárea». También se dice que a partir de caesaris: cabellera abundante, aunque ésta no era una de las características de Julio César que más bien era calvo.M. Tullius Cicero, su cognomen remite a cicero, garbanzo, porque tenía una notoria verruga con esa forma.P. Ovidius Naso, este cognomen designaba a alguien de nariz grande; Nasica tenía el mismo significado.Cn. Iulius Agricola, este cognomen alude al cuidado del campo.
· Barbatus: de espesa barba, barbado
· Calvus / Calvinus: calvo o de escasa cabellera
· Albus / Albinus: blanco
· Niger: negro
· Caecus: ciego
· Cincinnatus: de pelo rizado
· Flavus: de cabello rubio, rojizo
· Longus: largo
· Paullus: pequeño
· Pulcher: hermoso
· Priscus: anciano / Vetus: viejo
· Balbus: tartamudo
· Bibulus: bebedor; literalmente.: el que absorbe
· Brutus: bruto
· Catus: astuto
· Catulus: cachorro, gatito
· Lentulus: un poco lento
· Lepidus: flamante
[1] En español conservamos la palabra nómina en el sentido de lista de nombres de los empleados de una empresa, esos nombres suelen aparecer ligados a su cargo y sueldo.[2] En el principio de la República sólo se contaba con un praenomen y un nomen. Luego se añadía la filiación: Caius Julius Caesar C.(Caii) F (filius). C (Caii). N (nepos), esto es: Cayo Julio César, hijo de Cayo, nieto de Cayo.[3] Aparece el nombre latino seguido de su abreviatura y su traducción.[4] La gens no es lo mismo que la tribu, de las que había 35 en Roma, y que no se incluía en el nombre. Las tribus originalmente eran sólo tres, de ahí su nombre.[5] Aparece remarcada la forma que ha prevalecido y con la que nosotros los conocemos.
viernes, 3 de enero de 2014
Ex libris
Ex libris
Diccionario panhispánico de dudas:
exlibris. ‘Sello que se estampa en un libro para hacer constar el nombre de su propietario’. Este sustantivo masculino procede de la locución latina ex libris (literalmente ‘de (entre) los libros’), que solía escribirse en el libro seguida del nombre del propietario, para indicar que ese ejemplar era «de los libros de Fulano de Tal». Como locución, debe escribirse en dos palabras, pero para el sustantivo se recomienda la grafía simple exlibris (como ocurre con exvoto o exabrupto, otros sustantivos procedentes de locuciones latinas): «Hasta me encargué un bonito exlibris para recalcar mi posesión» (Mundo [Esp.] 20.4.96). No obstante, también se admite la escritura en dos palabras: «Algunos de los ejemplares [...] poseen el ex libris manuscrito de su poseedor» (Trabulse Orígenes [Méx. 1994]). Es invariable en plural: los exlibris.