La mañana de Ávila
Hace treinta y tres años.
La explanada de Ávila.
Era una mañana clara,
mil muchachos en silencio,
mil nombres, una llamada.Aguado, voz de cuartel,
iba nombrando las almas.
Y entrábamos en la vida
sin saber lo que aguardaba.Hoy me parece que fue ayer,
ayer mismo, por la mañana.
Pero el tiempo, caminante,
ha dejado muchas calles:servicios en noches frías,
un espino solitario
en un valle infértil,
columnas de humo a lo lejos,
sobre el horizonte de Madrid.Y la muerte, siempre cerca.
Y aquel temor de los días,
oscuro, frío, cobarde:
que una bala por la espalda
nos sorprendiera en la calle.Quedaron por el camino
compañeros que cayeron,
cumpliendo con su deber,
sin preguntas y sin ruido.Ellos quedaron en el tiempo,
jóvenes para siempre;
nosotros seguimos viviendo
y el tiempo, poco a poco,
nos fue dejando mayores.Treinta y tres años después,
Éramos mil. Éramos jóvenes.
cuando la memoria llama,
vuelvo a escuchar nuestros nombres
bajo el cielo de Ávila.
La mañana sigue en el alma.
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