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viernes, 2 de octubre de 2026

La mañana de Ávila

 

La mañana de Ávila





Hace treinta y tres años.
La explanada de Ávila.
Era una mañana clara,
mil muchachos en silencio,
mil nombres, una llamada.

Aguado, voz de cuartel,
iba nombrando las almas.
Y entrábamos en la vida
sin saber lo que aguardaba.

Hoy me parece que fue ayer,
ayer mismo, por la mañana.
Pero el tiempo, caminante,
ha dejado muchas calles:

servicios en noches frías,
un espino solitario
en un valle infértil,
columnas de humo a lo lejos,
sobre el horizonte de Madrid.

Y la muerte, siempre cerca.
Y aquel temor de los días,
oscuro, frío, cobarde:
que una bala por la espalda
nos sorprendiera en la calle.

Quedaron por el camino
compañeros que cayeron,
cumpliendo con su deber,
sin preguntas y sin ruido.

Ellos quedaron en el tiempo,
jóvenes para siempre;
nosotros seguimos viviendo
y el tiempo, poco a poco,
nos fue dejando mayores.

Treinta y tres años después,
cuando la memoria llama,
vuelvo a escuchar nuestros nombres
bajo el cielo de Ávila.

Éramos mil. Éramos jóvenes.
La mañana sigue en el alma.