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lunes, 23 de marzo de 2026

Romance del policía veterano

 Romance del policía veterano 




Te miras la mano un instante,
bajo la luz del cuartel,
y en los tendones te late
lo que no se quiere ir.

Cincuenta abriles te escoltan
como guardia fiel y gris,
y aún te subes al patrulla
como aquel primer abril.

Quién te diría, muchacho,
cuando aprendías a oír
la voz dura de los días
y el silencio del fusil,

que el tiempo no era descanso
ni el final del porvenir,
sino una calle más larga
que había que proseguir.

Fuiste de noche y de escarcha,
de verano y de perfil
recortado en las farolas
de un servicio sin dormir.

Y viste caer promesas
como hojas de un jardín,
mientras otros, a tu lado,
aprendían a fingir.

Mas hubo honra en tus pasos,
aunque nadie la dé aquí;
que hay victorias silenciosas
que no saben escribir.

Hoy los jóvenes te miran
sin saber bien qué decir,
y en sus ojos aún se enciende
lo que en ti empieza a morir.

Déjalos —piensas despacio—,
nadie aprende sin vivir;
cada cual lleva su noche
y su forma de seguir.

Y aunque el mundo haya cambiado,
y no sea igual que allí,
queda intacto un juramento
que no sabe de fin.

Que serás, cuando te vayas,
ese nombre sin perfil,
esa sombra en los pasillos
que nadie nombra al partir.

Pero habrá otros. Siempre otros.
Con su luz por construir.
Y en sus manos, como en las tuyas,
volverá el deber a latir.

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