Romance en memoria del protector
En la mañana gris del barrio,cuando el cielo llora lento,un reloj midió el destinocon metálico silencio.Trece minutos y trecesobre el filo del invierno,y la suerte del más justose jugaba en un momento.Dentro, el miedo era un susurrotemblando entre los reflejos,una muchacha apretabacontra el pecho su secreto;y un hombre, con manos durasde trabajo y desaliento,miraba al suelo pensandoque el dolor llega sin precio.Entraron sombras armadas,con la prisa de los necios;y el aire se hizo de plomo,y el latido, más pequeño.Pero afuera, en la esquina,dos guardianes del silenciocon café aún en los labiosrecibían su llamamiento.No sabían que la historiaya les abría su cuaderno,ni que el barro de la calleiba a tornarse lucero.Uno miró hacia la vida,otro hacia el deber más cierto,y avanzaron entre sombrascomo quien cruza un desierto.—Deja a la niña —dijo firme—,no te lleves su recuerdo.Pero el odio, que es cobarde,respondió con gesto fiero.Entonces, como en la infancia,cuando el valor fue primero,guardó el arma y alzó el puñocontra el filo del acero.Fue relámpago en la lluvia,fue campana en el silencio,fue justicia que, sin ruido,rompe el miedo desde dentro.Y al caer la tarde heridasobre el barrio estremecido,la sangre del hombre noblese mezcló con el aguacero.Dicen que el cielo callaba,dicen que el tiempo era lento,que la niña vio en sus ojosun adiós casi deshecho.Y él pensó en un niño soloesperando el nacimientodel Belén de cada añobajo el calor del recuerdo.Mas no quiso la fortunaque se apagara su aliento;porque hay hombres cuya vidano se rinde al desaliento.Y la sangre de tres manos,como un milagro discreto,volvió a encender la esperanzaque latía en su silencio.Desde entonces, cuando lluevesobre el barrio marinero,hay quien mira a las farolascomo buscando un destello.Dicen que es la estrella blancadel valor y del esfuerzo,que se posa en los que cumplensin pedir jamás un premio.Y que en cada sorteo humanodonde el azar va jugando,el mayor de los tesorosno lo dicta ningún canto:es el hombre que, en la sombra,da su vida sin reclamo,y deja, como aquel día,la justicia entre sus manos.
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