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viernes, 10 de abril de 2026

El fuego de la barbacoa en la fiesta del pueblo

El fuego de la barbacoa en la fiesta del pueblo


 

Llegaste sin hacer ruido y, sin ser de nuestra sangre,
pasaste a ser familia.
Como llegan las cosas sencillas que, sin saber cómo,
echan raíces, prenden y se quedan.
Prendiendo en lo hondo, sin hacer ruido,
hasta volverse costumbre y latido;
presencia callada, firme y segura,
que ya no se nombra, pero perdura.

Te quedas en lo simple, en lo de cada día,
en la risa que brota con limpia alegría;
en anécdotas que vuelven, sin perder su encanto,
y en la mesa compartida, donde todo es tanto.

En el humo que asciende, festivo y ligero,
con el sol en lo alto,  brillante y sincero;
en la fiesta del pueblo, en su gozo sencillo,
donde el tiempo se aquieta y reluce el brillo.

Y en tu forma callada, de estar sin pesar,
sin querer ocupar, sin venir a mandar;
como quien no reclama ni busca lugar,
y, sin embargo, todo lo sabe llenar.

Ahora el tiempo, vuelto más frágil, parece detenerse,
y las palabras, como si supieran, pesan más.
Pero hay una serenidad honda,
una paz que nace de un cariño que no entiende de finales.

Porque quien ha sido hogar en la memoria
no conoce la ausencia.
Permanece, fiel, en la raíz de lo vivido,
en la huella limpia que deja lo verdadero.

Y cuando el silencio llegue,
será tu nombre en voz baja,
tu risa en los recuerdos,
y tu presencia, sencilla y cierta,
viviendo —por siempre— en nuestros corazones.


©Humberto 2026.

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