LOS DEL RAYO
Al filo de las nueve de la mañana, el tren regresaba de Huelva con aficionados del Rayo Vallecano a bordo. Habían viajado para ver a su equipo en la Copa del Rey y volvían a casa con el cansancio de una noche larga. En el vagón se hablaba del partido, se consultaban los móviles y alguno intentaba dormir. Lo habitual después de un desplazamiento: conversaciones a medio apagar, cabezadas y ganas de llegar a casa.
Entonces, el tren se detuvo.
Al principio, nadie sabía gran cosa. Algunos levantaron la vista; otros miraron por la ventanilla. Después llegaron los mensajes, las noticias confusas y los primeros datos que circulaban por las redes sociales.
—¿Qué ha pasado?
—Parece que ha habido un accidente ferroviario.
A pocos kilómetros, dos trenes habían chocado. La información llegaba a cuentagotas y todavía era difícil hacerse una idea de la magnitud de lo ocurrido. Por aquella misma vía se extendía ante ellos un escenario desolador: muertos y heridos entre los restos de los convoyes, hierros retorcidos y pasajeros que necesitaban asistencia. Una de esas tragedias en las que las palabras sirven de poco y lo urgente es actuar.
Entre los viajeros había bomberos, hombres acostumbrados a mantener la cabeza fría y a trabajar en equipo. Fueron ellos quienes ayudaron a organizar al grupo y a encaminarlo hacia el lugar del siniestro.
—Tenemos que ir para allá.
Medio centenar de aficionados decidió recorrer a pie los aproximadamente siete kilómetros que los separaban del lugar del choque. No sabían con certeza qué iban a encontrar. Solo algunos tenían conocimientos de emergencias, pero todos compartían la voluntad de prestar ayuda.
Y la prestaron. Los rayistas participaron en el rescate de heridos y colaboraron en su traslado hasta Urda, donde se había habilitado el polideportivo para atender a las personas con lesiones de menor gravedad. Desde Protección Civil agradecieron la iniciativa de los aficionados vallecanos y destacaron la presencia de bomberos entre ellos: «Alguno era bombero y se ha notado».
Aquellos viajeros eran Bukaneros, integrantes de un grupo ultra cuya trayectoria no está exenta de polémicas. Pero aquella mañana, mientras otros necesitaban ayuda, dejaron a un lado las banderas y las disputas para arrimar el hombro.
Cuando la zona quedó suficientemente atendida por los efectivos de Protección Civil, las ambulancias y el personal sanitario, los aficionados regresaron al punto desde el que habían partido para organizar la vuelta a Madrid. Tampoco sería sencilla. Con la vía cortada, los viajeros del tren Huelva-Madrid tuvieron que buscar una alternativa: tomar un tren de Media Distancia hasta Sevilla y, desde allí, conseguir vehículos de alquiler para completar el trayecto.
La Federación de Peñas del Rayo, consternada por la tragedia, envió mensajes de ánimo a los afectados y a sus familiares. También dedicó unas palabras a los Bukaneros, pese a las reticencias de algunos a mencionar su nombre: «Enormes, compañeros».
El Rayo Vallecano trasladó asimismo sus condolencias y guardó un minuto de silencio antes del entrenamiento del miércoles.
Hay reputaciones que se construyen durante años y etiquetas que parecen adherirse para siempre. Pero hay momentos en los que importa menos lo que se dice de alguien que lo que hace cuando llega la hora de actuar.
Aquella mañana, los Bukaneros no necesitaron cánticos ni banderas. Recorrieron siete kilómetros para ayudar a desconocidos y se quedaron hasta que su presencia dejó de ser necesaria.
Habían viajado para animar al Rayo. Cuando llegó el momento, respondieron como personas que sabían que había que ayudar. Y eso merece ser contado.

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