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miércoles, 24 de diciembre de 2025

Advice For The Young At Heart -Tears for Fears

 





Consejos para los jóvenes de corazón

 

(basado en la canción del mismo nombre)

Pronto seremos mayores, se decía a sí mismo mientras observaba el paso lento de la tarde, ese modo delicado con que la luz se retira sin hacer ruido, como quien no quiere molestar a la memoria. No era una frase triste; era, más bien, una constatación serena, casi amable, como aceptar que el tiempo no avanza contra nosotros, sino a nuestro lado.

Había pasado la vida creyendo que crecer consistía en acumular certezas. Y sin embargo, con los años comprendió que la verdadera madurez no estaba en saber más, sino en dudar mejor. En conservar, bajo la capa inevitable de la experiencia, un corazón aún dispuesto a asombrarse. Joven, no por ignorancia, sino por fidelidad a una promesa antigua.

Veía a su alrededor a hombres y mujeres que jugaban a ser adultos con la gravedad de quien interpreta un papel ajeno: padres sin ternura, madres sin alegría, funcionarios del afecto, empleados del deber. Cumplían con todo, salvo con ellos mismos. Y en ese mundo ordenado y secreto, donde cada cual ocultaba sus miedos tras la rutina, él seguía creyendo —quizá con cierta obstinación— que la vida debía funcionar de otro modo.

El amor, pensaba, no es una conquista ni una garantía: es un recuerdo entregado al porvenir. Un objeto frágil que, una vez dado, no puede reclamarse sin perderlo. Por eso duele cuando se abandona, no por lo que fue, sino por lo que pudo seguir siendo. Amar exige una valentía que no se aprende en los manuales ni en los horarios laborales; exige prometer sin saber si se podrá cumplir.

Recordó entonces aquellas horas en que todo parecía posible, cuando el mundo cabía entero en unas manos jóvenes y la esperanza no pedía explicaciones. No eran tiempos mejores —se dijo—, eran simplemente tiempos más abiertos. Y comprendió que el verdadero peligro no es envejecer, sino cerrarse; no perder fuerzas, sino perder la capacidad de caminar de puntillas sobre los días, con respeto y curiosidad.

Cuando el trabajo termina y el alma amenaza con dormirse, es cuando más falta hace ese consejo callado que nadie escribe: no renuncies a sentir. No entregues tu asombro a cambio de comodidad. No confundas prudencia con miedo.

Porque llegará un día —llega siempre— en que alguien nos mire a los ojos, con esa claridad que no acusa ni exige, y nos recuerde, sin decirlo, que el mundo sigue estando ahí, entero, esperando ser sostenido.

Y entonces, si aún somos jóvenes de corazón, sabremos qué hacer con él.



©Humberto 2025.

 

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