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martes, 23 de diciembre de 2025

How Many Lies? · Spandau Ballet


 

How Many Lies? (versión adaptada y libre de las letras)

Hubo un tiempo claro y verdadero,
cuando la palabra era hogar
y el verso nacía sincero
como un pan partido en el altar.

Todo era entrega y confianza,
todo se daba sin temor;
tú eras abrigo y esperanza,
muralla frente al vendaval atroz.
Hoy los sueños, cansados y viejos,
duermen lejos del corazón.

Míranos ahora, míranos bien:
con la mano en el pecho jurando,
y en la frente la huella del ayer
que el engaño fue dibujando.

¿Cuántas mentiras diremos aún?
¿Cuántas más habremos de ver?
¿Cuántas veces, en nombre del bien común,
sacrificaremos la fe?
Y la verdad, desnuda y herida,
caerá en silencio, sin defensa ni voz.

¿Lees el sentido oculto del verbo
o te rindes al ruido y al papel?
¿Dónde hallar otros ojos abiertos
para aprender de nuevo a ver?
Se fuerza al hecho, se adorna el error,
se grita «lobo» sin lobo ni honor,
y a mí me entregas palabras
que ya no conocen a Dios.

Míranos ahora, míranos bien:
promesas rotas, fe cansada.
¿Cuántas mentiras diremos aún
para salvar la mentira alzada?

La verdad es áspera y exige valor;
por eso, cuando escriban la historia,
preferirás la cómoda ficción
a la dura grandeza de la memoria.
Es libre tu elección —nadie lo niega—,
mas sabe el alma que el engaño encadena,
pues la mentira, cuando gobierna,
es cáncer que mata la democracia entera.

Te pintaste el rostro de gestos piadosos
y manchaste el verbo que debía unir;
te armaste de palabras de amor hermoso
para aprender mejor a fingir.
Mas si la mente está firme y el alma despierta,
aún queda un camino hacia la altura cierta.

Sé lo que quieras ser, ven conmigo;
si hay verdad latiendo en el pecho,
quizá rompamos, juntos, el castigo
de vivir de espaldas a lo eterno y recto.

¿Cuántas mentiras diremos aún?
¿Cuántas más habremos de ver?
¿Cuántas veces diremos «es por el bien»
y dejaremos morir la fe?

¿Cuántas veces más, por temor o costumbre,
diremos «es lo mejor»
y dejaremos, en nombre del orden,
que no quede nada, ni honor?





Donde habita la mentira  
(basado en la canción 'How Many Lies').

Hubo un tiempo en que decir la verdad no requería valentía. Bastaba con pronunciarla. Las palabras caminaban solas, sin escolta ni disfraz, y nadie dudaba de su peso ni de su destino. Entonces creíamos que el mundo se sostenía por acuerdos invisibles: la palabra dada, la mirada limpia, el silencio oportuno.

Con los años, algo se torció sin hacer ruido. No fue una gran traición, sino muchas pequeñas renuncias. Cada una parecía necesaria, prudente, incluso buena. «Es por el bien de todos», se decía, y la frase, repetida, fue perdiendo alma hasta quedarse en costumbre. La verdad empezó a llegar tarde, o a no llegar.

Los hombres seguían llevándose la mano al pecho cuando hablaban de honor, pero en la frente se les dibujaba una arruga nueva, nacida de la duda. Leían titulares como si fueran sentencias y confundían el ruido con la certeza. Ya no se buscaba comprender, sino confirmar lo que convenía creer.

A veces alguien alzaba la voz. No gritaba: preguntaba. ¿Cuántas mentiras hacen falta para sostener una tranquilidad falsa? ¿Cuándo empezó a parecernos excesiva la verdad? Pero las preguntas incomodan más que los errores, y solían quedarse sin respuesta.

Sin embargo, no todo estaba perdido. Bastaba con que una persona se negara a mentir, aunque perdiera ventaja; bastaba con que otra escuchara con atención, sin aplausos ni consignas. En ese gesto pequeño, casi invisible, la libertad encontraba refugio.

Porque la verdad no muere de golpe. Se apaga cuando nadie la defiende. Y también, silenciosamente, vuelve a encenderse cuando alguien, sin ruido ni orgullo, decide no traicionarla.


©Humberto 2025

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