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lunes, 12 de enero de 2026

La dulce venganza del tiempo

 

La dulce venganza del tiempo



En la llanura parda de Castilla
quise dejar mi pena,
como el arado deja
la tierra abierta al cielo silencioso.

El Duero iba despacio,
pensativo y antiguo,
como mi corazón bajo la escarcha.

Sonreí al viento seco,
mas tras la leve máscara
lloraba el alma, sola,
como encina herida en campo raso.

Tu voz fue polvo al sol del mediodía,
palabra de meseta,
dura y vacía.
Yo la tomé por norte en la vereda,
caminante sin sombra,
ciego de fe.

Hoy sé que el tiempo pasa
igual que pasa el río:
sin prisa, sin perdón y sin promesas.
Nada levanta el puño.
Todo regresa.

Cada mentira cae
como cae en enero
la hoja seca en los campos de Soria.

Aún espero al amor,
no como fuego airado,
sino como la lluvia
que al fin se entrega al campo agrietado.

Que sea él quien salde
las viejas cuentas.

Yo sigo andando, solo,
por la meseta inmensa,
dejando al tiempo —grave y silencioso—
su justa venganza.

El tiempo no castiga:
pone a cada cual
frente a lo que fue.
El tiempo no castiga:
desgasta la mentira
hasta volverla verdad.


©Humberto 2026. 

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